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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales.

Algunos títulos recomendados

The evolution of modern strategic thought

The Ghost Fleet: A Novel of the Next World War

Out of the mountains: the coming age of urban guerrilla

Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional

Fire on the water: China, America and the future of the Pacific

Insurgency and Counterinsurgency in modern war

Introducción:

 El presente documento muestra un escenario hipotético regional ubicado temporalmente en el año 2033 y espacialmente en la región del Golfo de México.

Este escenario presenta una hipótesis de conflicto entre México y Cuba, surgida a raíz del eventual descubrimiento de un yacimiento de petróleo en aguas de la nación azteca, pero reclamado por la isla caribeña.

Cuba, hacia el 2033, se presenta como una nación cuyas variables económicas, políticas y militares le confieren la capacidad de perseguir sus intereses con asertividad y eficacia.

Detrás de Cuba y su capacidad estatal de proyección de fuerza, se encuentra China, quién desde el fallecimiento del último de los Castro se ha convertido –hacia 2033- en el motor de la economía de la isla y su principal proveedor de armamento.

 

  1. Construcción del escenario:

 

Si bien existen diversas metodologías para la elaboración de escenarios, dependiendo del grado de información con el que se cuenta o el objetivo mismo del ejercicio, la metodología de predicción conocida como Filtro de Kalman[1] ofrece una serie de pasos sencillos que permiten construir un estado futuro con cierta solidez.[2]

El Filtro de Kalman es un método de combinación de datos para analizar el estado actual de un “target” de inteligencia (una organización, un país, un grupo de personas, etc.), a través de las fuerzas que actúan sobre éste y que determinarían su evolución futura.

Así también, el Filtro obliga al analista a ponderar la posible aparición de nuevas fuerzas, más allá de las ya conocidas.

 

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FIGURA 1: Metodología de Filtro de Kalman, extraído de Clark, Robert M. Intelligence Analysis: a target-centric approach.  CQ Press. EEUU, 2006.

 

 La figura anterior muestra el planteamiento de Kalman, donde se observa claramente cómo, al no modificarse las fuerzas actuadoras sobre el estado actual del Target, éste deviene en un escenario de extrapolación ceteris paribus.

El escenario 2, o de “proyección”, surge a partir de la modificación de una de las fuerzas previamente identificadas, mientras que el resto permanece constante.

Por su parte, el escenario 3, o de “predicción”, se construye tras la modificación hipotética de las fuerzas actuadoras y la aparición de nuevas.

Como menciona Clark, la solidez del método Kalman radica, principalmente, en la correcta identificación de las fuerzas en el análisis del estado actual del Target, así como en la habilidad de analista de identificar la posible aparición de nuevos “actuadores”.

No menos importante es la ponderación de cada fuerza, es decir, la asignación de un valor específico o “peso” a la misma, partiendo de la premisa de que no todas las fuerzas tienen la misma capacidad de influir en la modificación del estado del Target.

En relación con el escenario contenido en este texto, se determinó la existencia de tres fuerzas principales cuya influencia en el Target (en este caso Cuba en 2018) determina su condición actual.

 

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Figura 2: Construcción del escenario 3 a partir de la modificación de fuerzas actuadoras y la aparición de nuevas (China).   Fuente: el autor.

 

Como puede observarse, las fuerzas principales -y sus racionales actuales- son:

F1: Fuerzas Armadas en estado de obsolencia: hacia 2018, las tres fuerzas (terrestre, aérea y naval) cubanas muestran un bajo nivel de operatividad, más allá de despliegues de infantería en labores de apoyo a la seguridad pública y a la población civil en casos de desastre. Desde el llamado “período especial” de principios de los 1990, Cuba no ha realizado inversiones importantes en sistemas de defensa que signifiquen una ampliación de capacidades, mucho menos un desequilibrio regional.

F2: Sistema político débil: si bien Raúl Castro permanece en el poder, la fragilidad de su salud y el nerviosismo en las elites del Partido Comunista de Cuba rumbo a su inminente reemplazo, se traducen en un estado de fragilidad estructural de todo el sistema.

F3: Economía en crecimiento, pero con poca sofisticación: de acuerdo con datos del Banco Mundial (2015), la economía cubana se encuentra en proceso de expansión, con un Producto Interno Bruto de 87 mil millones de dólares (a precios constantes), lo que arroja un PIB per Cápita de aproximadamente 6 mil dólares anuales. Si bien estos números se antojan positivos -sobre todo en comparación con algunos de sus vecinos caribeños- lo cierto es que la matriz económico-productiva cubana sigue centrándose en actividades de poco valor agregado, una incipiente industria y un bajo nivel de inversión en nuevas tecnologías.[3]

El escenario tres, desarrollado en este documento, se construyó a partir de la modificación de todas estas fuerzas y la aparición de una nueva.

Como se muestra en la figura 2, el escenario que hemos llamado como “Cuba 2033 asertiva”, se sustenta en cuatro premisas principales:

 

  1. Las fuerzas armadas cubanas han experimentado un período de modernización e inversión en nuevas capacidades;
  2. El sistema político es estable y funcional, tras la evolución del régimen castrista;
  3. La economía no sólo sigue creciendo, sino que la matriz productiva ha incorporado nuevas actividades de alto valor agregado (infraestructura en comunicaciones y energética).
  4. China, que para el 2033 es ya la principal economía del mundo, se ha convertido en el motor de la transformación económica cubana, como parte de su geoestrategia de expansión hacia nuevos mercados energéticos.

Tomando en cuenta la modificación de dichas variables estratégicas, se presenta a continuación el desarrollo del escenario tres, a través de una narrativa del tipo descriptivo-demostrativo, con base en la tipología de redacción de escenarios de Herman Kahn y Harvey DeVeerd.[4]

 

  1. Desarrollo del escenario: Cuba 2033 asertiva

 

Primer acto: la Cuba energética

 

Es diciembre de 2033 y Cuba enfrenta un futuro promisorio, estable y de crecimiento económico como no lo había imaginado desde muchas décadas atrás.

Pero la situación político-económica de la “Cuba del Siglo XXI”, como la llaman ahora sus líderes, no comenzó apenas en ésta década, sino desde el momento mismo de la muerte de Raúl Castro, un 23 de noviembre de 2018 cuando el viejo dictador dejó de respirar, después de tres largas semanas de agonía hospitalaria.

Con su muerte no sólo se fueron los Castro, sino con ellos, todo un sistema político que simplemente ya no daba para más. Raúl había intentado modernizar a Cuba introduciendo algunas reformas económicas menores, pero la isla hacía tiempo que había implosionado bajo su propio peso histórico.

Cuando Raúl Castro murió –de hecho, desde algunos meses antes, cuando su fragilidad física y emocional eran más que evidentes- la cúpula militar había comenzado a elaborar planes específicos para asegurar la sobrevivencia del régimen. Lo habían planeado todo con detalle, desde la posibilidad de una revuelta social hasta la improbable –pero siempre temida- invasión de Estados Unidos que, para entonces, era gobernada por un Presidente Trump ansioso de darle oxígeno a su decadente administración.

Pero los viejos militares, que carecían de preparación avanzada en diseño de escenarios –habían sido entrenados más para el cortejo político que para otra cosa- jamás pensaron que el mayor riesgo para la continuidad del régimen no vendría desde fuera, sino del mismo seno del Ejército.

No habían pasado ni 30 minutos tras el anuncio -en televisión estatal- de la muerte del último de los Castro, que un grupo de jefes militares con el rango de mayor, teniente coronel y coronel se hicieran del control del gobierno y, tras un llamado a la población a sumarse al “golpe al pasado”, desterraron a la vieja guardia militar cubana que no tuvo más opción que huir al exilio africano.

Los cubanos llegaron entonces a un nuevo año -2019- con más dudas sobre su futuro que aquellas que tuvieron en 1991, tras la caída de la Unión Soviética. Si el “período especial” fue difícil –decían- lo que se venía tras la muerte de los Castro no podría ser otra cosa más que el “período de la muerte”: los robos en la calle se habían disparado, las tiendas no abrían porque no tenían nada que vender y las escuelas, otrora formadoras del pensamiento revolucionario castrista, se habían quedado sin mitos que enseñar.

Pero Cuba renació.

Para 2020, la nueva junta militar –que no usaba uniformes, en un intento semiótico por mostrar modernidad y civilidad- se había propuesto abrir a Cuba al mundo y buscar, como fuera, una opción al futuro.

Y esa opción vino del mar, o más bien, de lo que había debajo de éste.

En aquel año, Cuba terminó por ceder prácticamente la totalidad de su incipiente sector energético –basado principalmente en el Golfo de México-  a cuanta compañía internacional tocara a las puertas de la isla.

Pero fueron las compañías chinas, que para entonces ya habían realizado algunas inversiones en el mercado energético cubano, quienes se hicieron con más contratos.

Ellas argumentaban que, gracias a la apertura energética mexicana del 2013, conocían bien el Golfo de México y lo que implicaba operar en aguas donde convergían las Zonas Económicas Exclusivas de la nación azteca, EEUU y la propia Cuba.

Los chinos se llamaban a sí mismos “maestros de la geopolítica energética”, y sabrían cómo hacer despegar el sector energético cubano sin molestar a los vecinos. O eso parecía en ese tiempo.

De nada sirvieron los consejos de Ecuador y Venezuela que, para entonces, tenían deudas exorbitantes con Pekín por haber seguido el mismo camino que intentaban, ahora, los cubanos.

A los nuevos líderes políticos de Cuba poco les importaba si, a cambio de ceder a China el control de su sector más estratégico, la isla ganaba algo de viabilidad hacia el futuro.

Alguien llamó a este período el “gran salto cubano hacia delante”, siendo ciertamente poco imaginativo.

Entre 2020 y 2024, los chinos invirtieron $45 mil millones de dólares americanos en la isla caribeña en proyectos de exploración, explotación y transformación de crudo y gas.

A esa inversión le seguirían, de manera casi inmediata, nuevos parques industriales, granjas eólicas y solares, sin mencionar el “boom” inmobiliario producto de la llegada de miles de trabajadores chinos a la costa occidental atlántica cubana.

En poco tiempo, pequeñas localidades como Mariel, La Palma y San Cayetano pasaron de ser comunidades pesqueras a verdaderos centros de desarrollo económico alrededor de la “economía energética”, como la llamaban en el recién creado Ministerio de la Energía del Futuro.

Pero el despegue de Cuba no llegó sin contratiempos, pues la zona oriental de la isla poco o nada tenía que ver con el nuevo rostro económico y social que imperaba en el occidente.

La Habana sabía que, en Santiago y Camaguey, al oriente, se gestaba un descontento tal que amenazaba no sólo el crecimiento económico de Cuba, sino al nuevo régimen político que apenas ganaba bases sólidas.

Los líderes sabían, también, que la historia de Cuba estaba marcada por levantamientos sociales y revueltas, precisamente desde oriente.

La opción de los líderes fue, nuevamente, voltear a China.

Se diseñó un plan de infraestructura para el oriente cubano sin precedentes. La modernización del puerto de Santiago –cuya administración quedaría entonces bajo tutela de una compañía china- y la transformación de la red carretera darían a dicha zona una nueva cara y, como calcularon en La Habana y Pekín, ayudaría a mitigar el descontento.

Incluso, los planes para un tren regional que atravesara Cuba de oriente a occidente emocionaron a miles, ansiosos de ver materializado un sueño que nunca vio la luz en el pasado.

Segundo acto: la Marina Cubana

Sin embargo, tanto el desarrollo económico del occidente como el renacer de las regiones del oriente no serían gratis: para 2028, la economía cubana dependía enormemente de la inversión china en prácticamente todos los sectores importantes del país.

Por si esta dependencia fuera poco, los chinos aplicaron la misma fórmula que habían usado en países africanos y del sudeste asiático: ofrecer mejores condiciones de deuda a cambio de la adquisición de equipo militar. Al final sería lo mismo, pues si bien la deuda bajaba, esa reducción se compensaba con la compra de tanques, aviones y barcos.

Pero eso importó poco a los nuevos líderes cubanos que, ansiosos por mantener a las fuerzas armadas leales, permitieron que generales y almirantes pidieran cuanto equipo quisieran.

Así, las fuerzas armadas cubanas vieron un renacer que tanto habían esperado desde que el último Mig 29 quedara varado en tierra por falta de repuestos, allá en el lejano 2017.

La Fuerza Aérea recibió 35 nuevos aviones caza JF17, tres baterías anti-aéreas FD2000 –el equivalente chino al S-300 ruso- y 12 helicópteros de ataque Z-10.

El Ejército obtuvo, finalmente, el tan anhelado tanque MBT3000, a pesar del consejo de los militares peruanos que todavía no se quitaban el mal sabor de boca de su experiencia con un modelo similar que, a pesar de la presión china, decidieron no comprar allá por el 2012.

Pero el grueso de la inversión en equipo militar se enfocó en el mar, pues como los estrategas de Pekín habían aprendido con sus experiencias en el Mar del Sur de China, la vulnerabilidad marítima de sus inversiones energéticas demandaba una presencia naval disuasiva creíble y permanente.

Los chinos sabían que esa disuasión no podría venir de su flota, y aunque los cubanos ofrecieron sus puertos para la operación permanente de la PLAN (People’s Liberation Army Navy, como se le conoce a la marina china en Occidente), en Pekín nadie quería repetir el error que los rusos cometieron en los 1960s y molestar al vecino americano.

Estaba bien dotar a las fuerzas armadas cubanas de equipo chino, pero siempre con el cuidado de no despertar las molestias del Tío Sam.

El camino fue, precisamente, una solución proxy: dotar a la Marina de Cuba de una capacidad de disuasión mínima, pero moderna, que le permitiera mantener una presencia constante en los campos energéticos en el Golfo de México.

Poco importaba si cada buque llevaría siempre un grupo de “asesores” chinos, con comunicación directa a la Oficina de Representación Naval de China en La Habana, que no era más que una tapadera de los servicios de inteligencia de la PLAN.

Para 2031, la Marina de Cuba había recibido tres corvetas Tipo C82A directamente de los astilleros de la China State Shipbuilding Corporation, cerca de Shanghai. Dos de esas corvetas habían sido negociadas por los líderes cubanos y fueron construidas en tiempo record, mientras que la tercera, en realidad, había sido ordenada inicialmente por Argelia –que en 2016 ya operaba dos- pero que tuvo que cancelar ante evidentes presiones presupuestarias.

 

Corveta C82A

Corbeta argelina de fabricación china Tipo C82A Fuente: Internet.

 

Las corvetas Tipo C82A cubanas habían sido diseñadas prácticamente idénticas al modelo operado por Argelia, pues incluían una variedad de sistemas chinos y occidentales que las ponían prácticamente al nivel OTAN, pero a una fracción del costo de haberse construido en astilleros europeos.

La cabeza de clase llevaría por nombre José Martí, y combinaba un sistema de armas bastante respetable: un cañón principal de 76mm y dos lanzadores cuadruples para misiles anti-buque C802 (la versión china del Harpoon americano). Además, las naves llevaban 8 silos de lanzamiento vertical con igual número de misiles antiaéreos para defensa de punto HQ7 (similares en prestaciones al MICA europeo).

Lanzadores 802

Lanzadores cuadruples de misiles chinos anti-buque C802 Fuente: Internet.

Aunque inicialmente los líderes políticos cubanos pidieron la incorporación de sistemas de detección chinos, pues consideraban que la integración de los mismos sería más “natural”, los capitanes cubanos encargados del proyecto insistieron que sus buques contaran con el radar de superficie franco-holandés Thales Smart-S MK2, así como el director de tiro LIROD MKII.

Los capitanes argumentaron que se trataba de lo más avanzado en sensores para buques de estas características, y los líderes políticos terminaron por aceptar que la introducción de sistemas europeos ayudaría a mantener una línea abierta con proveedores de armas occidentales.

A los franceses y holandeses poco los importó la dificultad de integrar sus sensores con los sistemas de armas chinos, pues ya lo habían hecho antes y por una buena suma de Euros lo harían cien veces más.

Negocios son negocios.

Pocos sabían, sin embargo, que el interés de los capitanes cubanos por estos sistemas había surgido 5 años antes, en 2026, en la Feria Naval de Veracruz, México, donde la Armada de aquel país había mostrado una de sus dos únicas fragatas holandesas Sigma 10514, que portaban precisamente ese radar y director de tiro.

Las dos fragatas mexicanas, parte del proyecto POLA surgido la década anterior y que buscaba inicialmente dotar a la Armada de México de 8 plataformas, impresionaron a los marinos cubanos, quienes para entonces ya se encontraban en pláticas con los chinos sobre la inminente incorporación de las corbetas C82A.

Pero la visita a la Feria Naval de Veracruz tuvo un efecto mucho más profundo: los cubanos, al ver cómo el proyecto mexicano se redujo drásticamente ante el desinterés de la clase política de aquel país, al pasar de 8 buques a 2, quedaron convencidos de la urgencia de acelerar la incorporación de las corbetas chinas…no fuera a pasar lo mismo que en México y, de un día para otro, los líderes de la isla decidieran cambiar de prioridades.

No fue así y, para enero de 2033, la Armada de Cuba contaba ya con sus tres Corbetas C82A  planeadas, que si bien no provocaban un desbalance militar en la región ni preocupaban demasiado a Washington, sí dotaban a aquel país de una capacidad de disuasión marítima respetable frente a sus vecinos latinoamericanos.

Los cubanos no sabían, sin embargo, que una crisis marítima estaba a la vuelta de la esquina y que sus C82A jugarían un papel vital en ella.

De hecho, lo que menos imaginaban, era que dicha crisis involucraría a sus anfitriones mexicanos que, tan sólo unos años atrás, les habían abierto las puertas de Veracruz….y de sus fragatas Sigma.

 

Tercer acto: conflicto en el Golfo de México

En marzo de 2033, un buque de exploración petrolera chino navegaba en el Canal de Yucatán con rumbo oeste-noroeste, en una de esas mañanas cálidas que caracterizan las aguas del Golfo de México.

El buque había estado trabajando en la zona desde hacía varios meses, en lo que parecía un patrón más o menos establecido.

Se adentraba en la Zona Económica Exclusiva mexicana, donde permanecía estático unas horas, para después regresar a su posición original de partida, dentro de la ZEE cubana.

Lo que nadie sabía, era que el buque tenía información específica de un yacimiento petrolero en aguas profundas de la nación azteca, con reservas equivalentes a la demanda cubana por 10 años.

El yacimiento estaba justo en la jurisdicción marítima mexicana, que de acuerdo con la legislación internacional tendría el derecho exclusivo de su explotación.

En este caso, no se trataba de un yacimiento internacional, como los otros que existen en el Golfo de México y que habían sido explotados por EEUU, México y Cuba desde al menos los años 1990s.

Pero en México nadie sabía gran cosa de ese yacimiento, pues los planos (en realidad los estudios geológicos) se habían “perdido” años antes cuando un alto funcionario de PEMEX -la empresa petrolera azteca- al verse inmiscuido en un escándalo de corrupción, decidió venderlos a los cubanos por una buena suma de dinero.

El pago para el corrupto funcionario (y seguramente para algunos de sus colaboradores) había provenido de una cuenta del gobierno cubano en Islas Caimán.

Lo que el ingenerio mexicano nunca supo, era que dichos recursos habían sido depositados, en realidad, desde una empresa fantasma al otro lado del mundo: Hong Kong.

 

Cuarto acto: Operación Danzón

El danzón es uno de los bailes más representativos de la cultura mexicana.

En Veracruz, en el Golfo de México, parejas jóvenes -y otras no tanto- continúan con la tradición de bailarlo en las plazas que rodean el histórico puerto.

Pero el danzón no es originario de México, sino de Cuba, y eso lo sabía el Capitán Bairon Rodríguez, orgulloso jefe de la Sección de Planeamiento Estratégico de la Armada Cubana, dependiente del Estado Mayor.

Rodríguez estaría al mando de la operación naval que, diseñada desde un escritorio en Pekín, pondría en jaque no sólo la relación bilateral entre la nación caribeña y México, sino la estabilidad regional entera.

Cuando los chinos pensaron que era tiempo de hacerse del control del yacimiento petrolero descubierto en la Zona Económica Exclusiva mexicana, utilizando a la Armada Cubana como fuerza proxy, decidieron y planearon todos y cada uno de los detalles.

Sólo dejaron a los cubanos escoger el nombre de la operación, para no herir las susceptibilidades del almirantazgo caribeño.

La responsabilidad recayó en el Capitán Rodríguez, quien no dudó en escoger un nombre simbólico que dejara en claro, a los chinos, que si bien la operación había sido planeada desde lejos, la llevarían a cabo medios navales cubanos.

Si el danzón salió de Cuba rumbo a México en el siglo XX -pensó el Capitán Rodríguez- la operación debía llamarse así.

El simbolismo del nombre era evidente.

El 21 de abril de 2033 comenzó la Operación Danzón, con el despliegue inicial de dos corvetas C82A que partieron del puerto de La Habana con rumbo oeste, directo a la zona marítima cubana entre Cayo de Buenavista y Cayo San Antonio, donde harían un rendez vous con otros medios navales.

A las corvetas se les unirían un buque de aprovisionamiento logístico, cuatro lanchas misileras rápidas Tipo 22 clase Houbei -transferidas desde la PLAN – y un buque de asalto anfibio LPD clase Sierra Maestra, adquirido a la Armada de Brasil unos años antes, en la que había servido bajo el nombre de Bahía, y que los cariocas habían comprado, a su vez, a Francia en 2015 bajo el nombre de Siroco.

 

 

Siroco

Buque LPD Siroco antes de transferirse a Brasil. Fuente: Internet

A pesar de ser un buque pensado para el desembarco de tropas, el LPD Sierra Maestra fungiría en realidad como centro de operaciones. Además, su cubierta trasera permitía la operación de helicópteros para misiones anti-buque Z9, la famosa copia china del Panther europeo.

Harbin Z9

Helicóptero chino embarcado Harbin Z9 (basado en el Eurocopter Panther)             Fuente: Internet.

Una vez ensamblada la Fuerza de Tarea Danzón, ésta navegó 280 millas náuticas con rumbo 278 grados, directamente a la zona donde se había descubierto el yacimiento petrolero por el buque de exploración chino: dentro del arrecife mexicano alacranes, al norte de Puerto Progreso, Yucatán.

El movimiento de la flota cubana no había pasado desapercibido por los sensores del Comando Sur de las fuerzas militares americanas, quienes inicialmente pensaron que se trataba de un ejercicio naval de los que cada vez los cubanos hacían con mayor regularidad.

Sin embargo, algo llamó la atención al attache naval mexicano en el Comando Sur. En los ejercicios anteriores, los cubanos jamás habían echado mano de su buque de aprovisionamiento marítimo, que no tenía otra función más que la de dar soporte a una operación naval de envergadura.

Si se trataba de un simple ejercicio que normalmente duraba 5 o 6 días -pensó el capitán de navío mexicano- ¿para qué querían los cubanos a su buque de aprovisionamiento que podría dar apoyo a una operación durante 30 o 40 días?

Salvo que no se tratara de un ejercicio, sino de algo más.

El 25 de abril, cuando el attache mexicano envió su informe al Estado Mayor General de la Armada de México, la flotilla cubana llegó al punto exacto donde el buque de investigación Zeng He había detectado el yacimiento unos meses atrás.

Las alarmas sonaron en Ciudad de México y Washington, pues lo que apenas unos días atrás parecía como un ejercicio -ciertamente atípico, terminó convirtiéndose en el escenario menos esperado: los cubanos habían movilizado una fuerza naval para adueñarse de un yacimiento petrolero con el decidido apoyo de los chinos.

El llamado de México y EEUU a una sesión de emergencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sirvió para poco, pues a la resolución que obligaba a los cubanos a retirarse le sobrevino el veto decidido de China, quienes sugirieron la figura de un árbitro internacional ad hoc para, según ellos, “resolver este asunto de potestad no definida en el que claramente Cuba tiene voz y debe ser escuchada”.

México, haciendo valer su peso regional, logró el apoyo de prácticamente todas las naciones del continente, con la salvedad de las islas caribeñas, ahora temerosas de molestar a Cuba, su evidente superioridad naval y a los chinos.

Por su parte, la Unión Europea, sumida en una profunda crisis interna tras años de mediocre crecimiento económico y una rivalidad creciente entre Alemania y Polonia, prefirieron mostrarse grises y apoyar la propuesta de mediación internacional que hizo China, su nuevo gran socio comercial y principal potencia mundial.

Después de todo –pensaron en Bruselas– ¿molestar a los chinos por un pozo de petróleo en aguas mexicanas?, para nada.

Aun cuando el apoyo de Estados Unidos a México siempre fue firme, lo cierto es que la relevancia internacional de Washington no eran la misma desde la década anterior. Los ocho años desastrosos de la presidencia Trump habían hecho un profundo daño a la capacidad de los yankees de hacer valer su peso económico en el escenario internacional.

Para el 15 de mayo, cuando era ya evidente que los cubanos no cederían, el presidente mexicano dio la orden a su Armada de enfrentar a la flotilla posicionada en el Arrecife Alacrán.

En el Estado Mayor General de la Armada de México ya se habían hecho preparativos para una eventual respuesta militar, en caso de que la diplomacia fallara.

Sin embargo, los marinos mexicanos habían llegado ya a la conclusión de que no sería fácil hacer frente ante eventual amenaza, pues los medios con los que contaban eran simplemente insuficientes.

Tras la cancelación del proyecto POLA en 2019, con la llegada de un gobierno populista desinteresado en apoyar al sector naval nacional, la Marina mexicana solo logró botar dos unidades SIGMA 10514, de las 8 originalmente planeadas.

Por si esto fuera poco, los marinos mexicanos nunca lograron convencer al estamento político de la urgente necesidad de construir un buque de aprovisionamiento marítimo, ni de reemplazar los viejos buques de guerra anfibia clase Papaloapan, dados de baja en 2022.

Las dos lanchas misileras clase Huracán llevaban más de una década desactivadas.

Aunque la Armada de México contaba con una fuerza decente de patrullas oceánicas, sus cañones de 76mm y 57mm difícilmente podrían encarar a las defensas anti-buque de las corvetas C82A y las lanchas misileras Houbei Tipo 22.

Lancha misileras Tipo 22 Houbei. La PLAN posee más de 80 unidades en 2018. Fuente: Internet.

En Ciudad de México sabían, también, que las dos fragatas SIGMA 10514 -Clase Soberón- no podrían cargar solas con el reto de enfrentar y diezmar a la flotilla cubana.

Los marinos mexicanos, sin embargo, ofrecieron emprender una operación con todos los medios a su alance. Por ellos no quedaría y harían hasta lo imposible por cumplir con su labor constitucional.

Pero los riesgos inherentes a la operación eran inmensos, y el 1 de junio de 2033, el presidente de México aceptó que la mejor opción sería ceder ante los cubanos y la propuesta china de mediación internacional -aunque sabía perfectamente que eso significaba una aceptación tácita de la derrota.

 

 

FIN

 

Es diciembre de 2033.

En México, tras meses de discusión entre partidos políticos, el presidente y el estamento de seguridad nacional, se ha decidido el relanzamiento del programa POLA y el reequipamiento de la Armada.

El presidente dice que esta vez, ahora sí, se dotará a la Marina de sistemas de control marítimo que garanticen un poder de disuasión creíble y moderno.

En su mensaje a la nación, el presidente apuntó: “Ya nos robaron un recurso marítimo, ya no nos volverán a robar.”

 

 

 

Es diciembre de 2033 y Cuba enfrenta un futuro promisorio, estable y de crecimiento económico como no lo había imaginado desde muchas décadas atrás.

 

CIERRE DE ESCENARIO

______________________________________________________________________________

 

 

 

 

 

  • Algunas reflexiones finales

 

El escenario anteriormente planteado muestra una hipótesis de conflicto basada en una construcción de futuro, a partir de la modificación de fuerzas estratégicas de tipo político, militar y económico.

Si bien cualquier escenario reviste de un grado de subjetividad, en la medida en que el futuro no existe sino que ha de construirse, lo cierto es que el analista habrá de evaluar el comportamiento de las fuerzas que determinan el estado actual de un Target, para realizar inferencias sobre su evolución hipotética.

Escapa al propósito de este texto un análisis más profundo sobre la ponderación de las fuerzas descritas, así como la evaluación de las posibles hipótesis de empleo de medios y capacidades militares.

Para tal efecto, el analista podrá dar cuenta de diversas herramientas de ponderación de fuerzas, modelación de sistemas o centros de gravedad, no contenidos en este escrito.

Sin embargo, como todo escenario del tipo descriptivo-demostrativo, su riqueza radica en la utilización de variables (fuerzas actuadoras) conocidas y en la introducción de eventos decisivos con cierto grado de probabilidad (en este caso, la variable china).

Sirva este escenario como ejercicio hipotético descriptivo para invitar al analista a explorar más y mejores técnicas de construcción de futuros.

 

 

  1. Bibliografía

 

  1. Clark, Robert M. Intelligence Analysis: a target-centric approach. CQ Press. EEUU, 2006.
  2. Datos a 2015. Estadísticas del Banco Mundial. Disponible Online en: https://data.worldbank.org/country/cuba?view=chart 
  3. Alarcón Hernández, Juan Pablo: Geoestrategia de Cuba en el siglo XXI. Documento de análisis del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México. Disponible en: http://www.cesnav.edu.mx/ININVESTAM/docs/docs_analisis/da_18-18.pdf.

 

Notas al pie:

[1] Clark, Robert M. Intelligence Analysis: a target-centric approach. CQ Press. EEUU, 2006.

[2] Debe decirse que toda construcción de escenarios conlleva, necesariamente, un grado de subjetividad.

[3] Datos a 2015. Estadísticas del Banco Mundial. Disponible Online en: https://data.worldbank.org/country/cuba?view=chart

[4] Tanto Kahn como DeVeerd son pioneros de los primeros escritos en materia de análisis de sistemas, desarrollados principalmente por la RAND Corporation. Algunos de los trabajos de Kahn en la materia son: https://www.rand.org/pubs/authors/k/kahn_herman.html

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