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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales.

Algunos títulos recomendados

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Insurgency and Counterinsurgency in modern war

Dado que la Seguridad Nacional es la condición imprescindible para el mantenimiento del Estado-Nación, con base en el orden constitucional y la defensa exterior, ésta debe ser objeto de estudio y análisis profundo.

Sin embargo, al menos para el caso mexicano, sucede que son pocos los especialistas o centros de pensamiento que se dedican exclusivamente a este tema.

Ciertamente, destacan en esta labor los centros educativos de alto nivel en la Armada de México y el Ejército, así como instituciones públicas -y pocas privadas- donde algunos académicos de renombre han cargado con la responsabilidad de empujar el estudio de la Seguridad Nacional hasta nuestros días.

Pero si pensamos por un momento en la enorme complejidad de una nación como México, con 120 millones de habitantes, una economía que pronto estará entre las 10 más grandes del mundo y que enfrenta un reto formidable en materia de violencia, uno esperaría que el estudio sistemático y profesional de la Seguridad Nacional fuera una prioridad mucho más elevada.

Lo cierto es que, como señala de manera puntual el Almirante José Luis Vergara en su libro Seguridad Nacional de México, son varios los factores que han incidido negativamente en un mayor avance en la materia: por un lado, la concepción -arraigada en la Guerra Fría- de que el concepto de Seguridad Nacional es una intromisión doctrinal estadounidense; por otro lado, la correlación de la Seguridad Nacional con la represión del Estado y, por último, el uso faccioso y político del término.

Por mi parte, agregaría un cuarto elemento que ha impedido un mayor avance en la materia: la falta de un acuerdo entre la élite política y económica de que la Seguridad Nacional es una razón de Estado, no un asunto de gobierno.

En un foro sobre seguridad hemisférica donde tuve el honor de participar, se me preguntó cuál es el principal reto en materia de Seguridad Nacional en México. Comenté, y lo sigo pensando, que la respuesta estriba en que, como país, no hemos podido separar el “policy” (la política pública) del “politics” (politiquería) en Seguridad Nacional.

Es decir, el estamento político sigue pensando que el manejo de la Seguridad Nacional es una responsabilidad del gobierno en turno, lo que da lugar a constantes improvisaciones, experimentación de modelos, creación y desaparición de secretarías, inversión y abandono de tecnología, entre otras consecuencias nefastas.

En aquel evento dije que, tal como las grandes variables de la economía se entienden como razones de Estado, en el entendido de que su administración trasciende las coyunturas políticas, así debemos transitar en materia de Seguridad Nacional.

Podemos hacer algunas adecuaciones en las estrategias específicas, relativas al combate al crimen organizado o fenómenos delictivos muy puntuales, pero el constructo político de la Seguridad Nacional debe permanecer sustentado en principios sólidos y trascendentales en el tiempo.

Habría que comenzar, quizás, con las cuatro premisas que, según Barry Buzan y Lene Hansen -posiblemente dos de las voces más autorizadas en materia de Estudios de Seguridad- sirven “de lentes analíticos o herramientas” para definir una Política de Seguridad Nacional:

 

  1. El foco u objeto principal de estudio: ¿estamos hablando de la seguridad centrada en el Estado, o de la seguridad centrada en la persona? La respuesta a esta pregunta es fundamental pues orienta todo el accionar de la Política de Seguridad Nacional, ya sea hacia una concepción realista-tradicional o una de tipo humana o societal.
  2. El origen de los riesgos y amenazas: ¿a qué debe dar mayor relevancia la Política de Seguridad Nacional, a las contradicciones internas del país o aquellas cuya naturaleza es externa?
  3. Hard Power vs. Soft Power: ¿cómo debe balancearse, en una Política de Seguridad Nacional, a los cuatro campos del poder: político-diplomático, económico, militar y psico-social? ¿O acaso debe incluirse, como propone Vergara en su modelo recientemente publicado, otra serie de variables no tradicionales, como la igualdad de género, etnicidad, medio ambiente?
  4. El sentido de la urgencia: ¿debe plantearse la Política de Seguridad Nacional bajo la premisa de atender una situación de crisis en la materia, como la que vive actualmente México? ¿O debe plantearse en un nivel más “elevado” de la discusión, dejando la atención a dicha crisis en manos de una estrategia más puntual, es decir, en un nivel “inferior”? -recuérdese que la Política define a la Estrategia.

 

Debe decirse que el análisis de estas cuatro premisas estratégicas ya ha sido abordado por diversos estudios en la materia, y de cierta forma pueden encontrarse esbozos en el actual Programa de Seguridad Nacional 2014-2018.

Sin embargo, aunque dicho documento fue el primero en su tipo en México, se quedó corto precisamente en que fue planteado como “Programa” de gobierno, haciendo constantes referencias al cumplimiento del “Plan Nacional de Desarrollo” de la administración en turno.

Por otro lado, dicho Programa careció de directrices más puntuales en cuanto a los diversos elementos constitutivos de la Seguridad Nacional, como son: la seguridad energética, seguridad alimentaria, defensa nacional, entre otros.

La desconexión entre el Programa de Seguridad Nacional 2014-2018 y las estrategias puntuales de política pública en la materia, han sido más que evidentes.

Debe pasarse, entonces, a un ejercicio mucho más profundo y consensuado para construir una verdadera Política de Seguridad Nacional de Estado, proceso que necesariamente debería incluir las voces de los diversos sectores del estamento político nacional.

Los países más avanzados en la materia otorgan gran relevancia a sus Políticas de Seguridad Nacional, toda vez que éstas cumplen un doble propósito: por un lado, son un ejercicio democrático con el que el Estado expone a sus ciudadanos cómo planea cumplir con su propósito principal: protegerlos. Por el otro, sirven para mostrar a países vecinos y al mundo la forma en que un país se percibe a sí mismo con relación al escenario futuro.

Así como a partir de la década de 1980 se construyó un consenso para separar la política económica (de Estado) de los vaivenes de la coyuntura, quizás estamos ante el inicio de un fenómeno similar en materia de Seguridad Nacional: separemos pues, el “policy” del “politics”.

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