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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales.

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La brecha norte-sur en México: un riesgo a la Seguridad Nacional

Durante los últimos 10 años, mi trabajo me ha dado la oportunidad de conocer prácticamente la totalidad del país, visitando una y otra vez sus regiones, ciudades y zonas rurales donde los “diversos Méxicos” florecen….o dormitan.

Si bien es cierto que la geografía política nacional no ha sufrido grandes cambios desde la Guerra con Estados Unidos, en la década de 1840, debe decirse que México dista mucho de ser un país homogéneo en cuanto a cultura, composición social y desarrollo económico se refiere.

Mientras que el norte del país se ha integrado de manera importante a la matriz económica estadounidense, sobretodo a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, el sur-sureste parece haberse atascado en un México donde persisten, parafraseando a Acemoglu y Robinson, estructuras político-económicas de corte extractivo.

Ya en 1995, Andrés Oppenheimer escribía en su magistral libro “México: en la frontera del caos” cómo el estancamiento del sur-sureste acrecentaba la brecha del desarrollo económico con el norte.

Lo que el periodista no alcanzó a ver, pues todavía faltaban algunos años para el inicio de la alternancia política, es que la brecha sur-norte no sólo se ampliaba en relación a variables de tipo económico, sino también de participación política y democracia en general.

Comento esto porque en los diversos estudios de inteligencia de riesgos en los que he tenido oportunidad de participar, he palpado cómo las estructuras de tipo extractivo, como viejos sindicatos, caciques rurales o dinastías familiares ahorcan al sur-sureste, dificultando enormemente cualquier actividad económica que arriesgue su poder y cooptando todo esfuerzo político honesto que busque abrir la participación a otros grupos o liderazgos.

Ante esta situación, no es difícil entender por qué los estados del sur-sureste, como Chiapas, Oaxaca o Guerrero presentan los peores niveles de desarrollo económico, aprovechamiento escolar o calidad de infraestructura de comunicaciones, por mencionar algunas variables.

Debe decirse, claramente, que el sur-sureste sobrevive en una paradoja de subdesarrollo auto-cumplida: entre más atrasada la región, más encumbradas están las estructuras de poder de corte extractivo, lo que dificulta la llegada de nuevas empresas, inversiones, o grupos políticos.

La pobreza se alimenta, precisamente, de más pobreza.

Por todo esto, parece increíble cómo ninguna de las opciones políticas que contienden por la Presidencia en julio, ha abordado de manera seria la creciente “brecha estratégica” que separa al norte de México del sur-sureste.

De hecho, al no contarse con una verdadera estrategia de desarrollo regional, los actores políticos confunden –nuevamente- el fin con los medios: proponen mejores carreteras o incentivar la producción agrícola como el objetivo de sus proyectos, cuando en realidad se trata de procedimientos o medios para un fin ulterior: reducir la brecha y evitar, con ello, un temblor geopolítico interno en las décadas por venir.

Pero para reducir esta “brecha estratégica” debe atacarse, fundamentalmente, a las estructuras políticas y económicas de corte extractivo que han sobrevivido por décadas –incluso siglos- en el sur-sureste.

De no hacerse, no bastará invertir en mejor infraestructura o desplegar programas de subsidios contra la pobreza, pues en realidad los subsidios favorecen la pobreza y terminan por enquistar, aún más, a dichas estructuras que se quieren combatir.

Quizás habría que dejar de ver la brecha norte-sur como un fenómeno únicamente de desarrollo económico, y abordarlo desde una óptica de Seguridad Nacional.

Si la Seguridad Nacional es la condición imprescindible para el mantenimiento del Estado-Nación en el tiempo, basada en el orden constitucional interno y la defensa exterior, la brecha norte-sur bien pudiera trastocar, precisamente, la estabilidad futura de dicho orden interno.

De hecho, no es casualidad que en los estados del sur-sureste es donde existan los fenómenos más complejos de violencia e inseguridad, pues ahí convergen pobreza con un vacío estatal preocupante, caldo de cultivo de verdaderas insurgencias criminales.

De cara a las elecciones de julio, convendría a los candidatos y sus equipos plantearse, de una vez por todas, cuál será su estrategia para reducir la brecha que divide, cada vez más, al México del norte y del sur-sureste.

 Es una cuestión, así lo creo, de nuestra Seguridad Nacional de cara al siglo XXI.

 

Fotografía tomada de: http://www.humanosphere.org/world-politics/2016/08/mexican-government-reclaims-control-la-bestia-national-security/
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