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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales y el Colegio de Defensa Nacional.

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Insurgency and Counterinsurgency in modern war

“The Arctic Ocean is a place of both promise and peril, as well as mystery”.

Almirante (ret) James Stavridis

 

Es comúnmente aceptado que el Pacífico será el océano del siglo XXI, dada su relevancia geopolítica, inmensos recursos naturales y minerales, así como por el tráfico marítimo de carga que conecta Asia con Norte América.

Sin embargo, pudiese ser que la humanidad está a punto de descubrir que no será el Pacífico el cuerpo marítimo más relevante de este siglo, sino el océano aparentemente más irrelevante del mundo, al menos hasta hoy: el Ártico.

Y digo “irrelevante” no porque en efecto lo sea, sino porque la humanidad no parece haberle dado importancia al Ártico sino hasta fines del siglo XIX y principios del XX.

Incluso grandes geógrafos como August Petermann argumentaban, todavía a mitad de los 1800s, que en el Ártico se encontraban territorios fértiles para la siembra de alimentos y temperaturas relativamente cálidas.

Nada más alejado de la realidad, pero debe entenderse que el uso comercial y militar del mar, parafraseando a Geoffrey Till, se concentró lógicamente en las regiones marítimas cercanas a imperios o naciones, y no en el distante “High North”.

De tal suerte que el Ártico permaneció rodeado de misterio y desinterés a lo largo de la historia, en la medida en que su valor geopolítico equivalía prácticamente a cero.

No resulta extraño entonces que, para Mackinder o Spykman, dos de los más grandes teóricos de la geopolítica mundial, el Ártico fuera una frontera geográfica impenetrable, un cinturón de hielo que constreñía a Rusia hacia el norte.

Sin embargo, lo que Mackinder y Spykman jamás pensarían era que dicho cinturón de hielo comenzaría a derretirse a un ritmo acelerado a fines del siglo XX, modificando la geografía del Ártico y, por ende, otorgándole un valor estratégico apenas imaginable.

Un estudio del Arctic Council (organización que aglutina a Rusia, Canadá, EEUU, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia e Islandia) considera que el Océano Ártico dejará de tener hielo hacia fines de la década de 2030, independientemente del hecho de que mucho antes podrá transitarse, durante todo el año y no sólo durante el verano, por las dos vías marítimas ya conocidas hasta hoy: el Northwest Passage (por las costas de Canadá) y el Norther Sea Route (por la costa rusa).

El deshielo del Ártico es, ante todo, una catástrofe natural. Pero más allá de eso, es también un choque geopolítico que provocará, en la opinión de expertos, tres grandes consecuencias:

  1. El tráfico marítimo de Asia (principalmente China y Japón) rumbo a Europa dejará de tener como primera opción la ruta por el Pacífico-Índico-Canal de Suez-Mediterráneo-Atlántico. La nueva ruta por el Ártico (7 mil millas náuticas más corta) sería mucho más competitiva, reduciendo la importancia de puertos a lo largo de naciones como India, que verían con recelo cómo los buques chinos –por ejemplo- visitarían sus costas cada vez menos.

 

  1. La reducción de la importancia del Canal de Panamá y, con ello, de una de las herramientas más relevantes para la geoestrategia de Estados Unidos (quien ejerce el control de facto de dicho “chokepoint” marítimo).

 

  1. La competencia por recursos naturales y minerales y una eventual confrontación entre Rusia (que tiene al 80% de las reservas petroleras del Ártico dentro de su Zona Económica Exclusiva) y China o Estados Unidos. Debe decirse que, mientras los rusos poseen más de 30 buques rompehielos (7 de ellos de propulsión nuclear), Estados Unidos no tiene más de 3.

 

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Uno de los buques rompehielos de propulsión nuclear rusos. Fuente: agencia Sputnik

 

Como puede observarse, el Océano Ártico pasará de ser un cinturón de hielo impenetrable y desconocido para convertirse en un centro de gravedad de la economía mundial.

En una de esas, las naciones que tienen al Océano Pacífico como el escenario principal de sus estrategias de ampliación comercial (como México, por ejemplo), deberían comenzar a considerar en sus escenarios futuros la inminente consolidación del Ártico como un cuerpo marítimo transitable (con todas sus consecuencias implícitas).

Una máxima de la geopolítica establece que “geografía es destino”, lo que sin duda es correcto. Pero la geografía, contrario a lo comúnmente establecido, también puede mutar o evolucionar.

El Océano Ártico es, precisamente, una prueba de ello.

¿Estaremos preparados para ello?

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