La Armada, esa desconocida: de la incomprensión de la Marina y su función

Foto: El autor. Veracruz, 2018.

Hace un par de años, en medio de una plática sobre la relevancia de las marinas de guerra para el desarrollo de las naciones, un gran amigo de la Armada de México me regaló el libro: La Armada: esa desconocida.

El libro es un clásico español que, a pesar de ya contar con algunas décadas desde su aparición, no ha perdido relevancia: no sólo en aquel país ibérico, sino en buena parte del mundo, existe todavía un profundo desconocimiento del valor de las fuerzas navales a la consecución de los objetivos nacionales.

De hecho, el gran geoestratega americano Alfred T. Mahan decía, a fines del siglo XIX, que uno de los factores que podría frenar el posicionamiento político de EEUU sería, precísamente, el nulo carácter marítimo de su pueblo (en comparación con Inglaterra, objeto de estudio del autor).

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Alfred T. Mahan: The Influence of Sea Power Upon History, 1660-1783

Lo cierto es que eso aplica para cualquier país rivereño que tiene ligado su futuro, de una forma u otra, a su relación con el mar.

Y México no es la excepción, pues con 3 millones de kilómetros cuadrados de territorio marítimo (más que nuestro espacio terrestre, por cierto) y 11 mil kilómetros de costas, pocos entienden el rol actual de su Armada.

En pocas palabras, los mexicanos confían en la Armada porque perciben que ésta ha sido una institución clave en el combate al crimen organizado (como señala el más reciente estudio del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública) pero desconocen, completamente, cuáles son sus misiones principales.

Para ahondar en el tema, es imprescindible citar el trabajo de Ken Booth quien, en su obra Navies and Foreign Policy (1977), sentó las bases del estudio de los roles principales que dan justificación a cualquier fuerza naval en el mundo.

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Ken Booth: Navies and Foreign Policy.

Booth concibió las funciones de las fuerzas marítimas como una trinidad, considerando las tres misiones principales como: militares, diplomáticas y de seguridad.

Si bien la “trinidad de Booth” ha sido objeto de revisiones a lo largo de los años, lo cierto es que todos los analistas navales serios (como Eric Grove, Geoffrey Till o más recientemente Ian Speller) sostienen el argumento de que las Marinas tienen estas mismas tres funciones, y lo único que varía es la intesidad de las mismas (ya sea por los recursos disponibles, realidades geopolíticas u obligaciones internacionales).

De tal suerte que, para el caso mexicano, si bien la Armada enfoca la mayor parte de sus medios y capacidades a la función “constabularia” o de “seguridad marítima”, no ha de descuidar su rol eminentemente militar ni su carácter de herramienta de soporte a nuestra política exterior.

Los críticos a esta posición sostienen que México no posee antagonismos relevantes con otras naciones, lo que vuelve innecesarias las adquisiciones de medios navales enfocados a la defensa exterior.

Pero estos críticos (muchos de los cuales carecen de formación en la materia) desconocen totalmente el entorno marítimo regional e internacional de nuestro tiempo; menos entienden los fenómenos, riesgos y amenazas que pudieran sobrevenir en las próximas décadas.

Señalo sólo algunas:

  • La creciente actividad pesquera ilegal en nuestro litoral del Pacífico, a manos de flotas asiáticas que operan bajo el paraguas de sus autoridades nacionales.
  • Los casos de piratería en aguas del Pacífico centroamericano, donde nuestras naciones hermanas carecen de medios navales mínimos para hacerles frente.
  • Las actividades petroleras en el Golfo de México, en un entorno marítimo donde convergen los intereses de México, Estados Unidos y Cuba (este último país, con el apoyo cada vez mayor de compañías estatales chinas).

Por si fuera poco, el lector debe recordar que estos fenómenos socio-organizativos se traslapan con las principales Vías Marítimas de Comunicación (SLOCs, por sus siglas en inglés) del litoral Pacífico americano, de vital importancia para el comercio mundial.

Por lo anterior, un país serio como México, que apunta a convertirse en una de las 5 principales economías del globo hacia el 2050, difícilmente podrá hacer frente a sus obligaciones geopolíticas sin un poder naval mínimanente eficiente, con medios y capacidades que le permitan:

  1. Garantizar la seguridad y estabilidad en sus jurisdicciones marítimas.
  2. Proteger los recursos naturales y minerales en sus mares.
  3. Integrarse a operaciones internacionales de paz, como soporte a nuestra política exterior.
  4. Otorgar plena seguridad a las Vías Marítimas de Comunicación, directamente ligadas a nuestra política de expansión comercial.
  5. Apoyar el desarrollo de la industria naval nacional, intensiva en mano de obra e innovación tecnológica.

Nadie habla de un esfuerzo militarista sin sentido, sino comprender el papel vital de nuestra Armada para el México del siglo XXI.

De nuestra generación dependerá que nuestros hijos valoren y aprovechen la naturaleza marítima del Estado Mexicano (todavía incomprendida).

Ellos no tendrían por qué leer, de nuevo, “La Armada: esa desconocida.”

3 thoughts on “La Armada, esa desconocida: de la incomprensión de la Marina y su función

  1. Seudo investigadores trasnochados y carentes de conocimientos basicos de geografía, geopolitica, geoestrategia, son los nuevos promotores de nuevos Miramones y Mejias…

  2. Entiendo que la Armada recibe 0.4% del prepuesto de egresos. ¿es correcto? No veo como lograr los objetivos que tiene encomendados con dicha participación.

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