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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales y el Colegio de Defensa Nacional.

Algunos títulos recomendados

The evolution of modern strategic thought

The Ghost Fleet: A Novel of the Next World War

Out of the mountains: the coming age of urban guerrilla

Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional

Fire on the water: China, America and the future of the Pacific

Insurgency and Counterinsurgency in modern war

“No necesitamos un Ejército para la defensa, en el caso de que se requiriera, todos los mexicanos defenderíamos al país”. Andrés Manuel López Obrador, 2018.

 

La izquierda se siente incómoda con todo aquello relacionado con la seguridad nacional y la defensa. Sucede en México y en Centro América, también en Sudamérica. Pero lo mismo aplica en otras latitudes lejanas como Europa o el propio Estados Unidos.

Al menos en México, como lo señala el Almirante Vergara en su libro La Seguridad Nacional de México: hacia una visión integradora, la distancia entre el estamento político y el de seguridad ha tenido un efecto perverso en el desarrollo (¿subdesarrollo?) de uno de los elementos esenciales de cualquier Estado-Nación moderno: la definición clara de la mancuerna entre objetivos nacionales y su principal herramienta de consolidación, esto es, la Seguridad y la Defensa.

Es ciertamente entendible que el espectro ideológico de izquierda, durante la segunda mitad del siglo XX, viera a la Seguridad Nacional como un concepto negativo, ligado a la represión política o a la limitación de las libertades individuales.

Pero en pleno siglo XXI, una vez que México ha transitado ya por la senda de la democracia -incipiente, pero democracia al fin- resulta imperativo que la izquierda política aborde con nuevos ojos el concepto y la práctica de la Seguridad Nacional, con un enfoque de futuro y no de antiguo revanchismo ideológico.

Lo anterior es urgente en la medida en que México, una nación de 120 millones de habitantes y que se ubicaría entre las 5 primeras economías del mundo hacia mediados de siglo, se acerca a inaugurar un gobierno de izquierda cuyo accionar político tendrá serias implicaciones de cara al futuro.

Los escenarios de riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional de las décadas por venir se parecen muy poco a lo experimentado en el siglo XX, de tal suerte que el estamento político está obligado a entender la complejidad de fenómenos como: la migración regional, el crimen organizado trasnacional, el terrorismo ideológico-fundamentalista, la proliferación de armas de destrucción masiva en manos de grupos subnacionales, la piratería moderna en alta mar, las pandemias o la urbanización de la violencia.

Esto último, como señala Kilcullen, será la regla en los años por venir: al fenómeno de la extrema urbanización en países en vías de desarrollo (como México, por cierto) habrá que sumarle pobreza, marginación, desempleo y carencia de servicios públicos, resultando en una hoya de presión para la cual no están preparadas las estructuras de seguridad y defensa incluso más avanzadas.

Y es que el siglo XXI no será el de las grandes guerras entre países -aunque no hay que descartarlas- sino el de las confrontaciones entre países-personas, países-grupos y personas-personas.

Será también el siglo de las guerras entre sistemas: sistemas económicos, sistemas de valores, sistemas de creencias, sistemas de información, entre otros.

Nuestra nación, que está llamada a jugar un rol importante en el escenario regional e internacional, simplemente por su peso poblacional y económico, no podrá escapar a su responsabilidad como actor fundamental de la estabilidad del sistema global. No puede darse el lujo de darle la espalda a su Seguridad Nacional y Defensa.

Sin Seguridad Nacional no hay país, así de simple y así de complejo.

Por ello, más allá de filias y fobias políticas, el próximo gobierno de izquierda en México no puede experimentar con uno de los activos más fundamentales de la nación: su Seguridad Nacional.

Es tiempo de abordar con seriedad y visión de Estado, de una vez por todas, la difícil tarea de definir qué entiende México por su Seguridad Nacional y cómo prevé que ésta contribuya a la consecución de los objetivos nacionales permanentes.

Para esto, el próximo gobierno habría de comenzar con lo siguiente:

 

  1. Definir una Política de Seguridad Nacional,de la que se desprendan las políticas y estrategias puntuales en materia de seguridad interior, seguridad pública, defensa, seguridad energética. No debe cometerse el error de seguir pensando que la Seguridad Nacional es lo mismo que estrategia de seguridad pública o estrategia contra el crimen organizado.
  2. Reconocer el papel fundamental de las Fuerzas Armadas como instituciones de Estado, desarrollando un Plan de Modernización que las prepare para enfrentar con mayor efectividad las amenazas a nuestra soberanía de cara al siglo XXI. Podría comenzarse con establecer un Estado Mayor Conjunto entre las tres ramas.
  3. Construir, de una vez por todas, un modelo nacional de seguridad en el que la construcción de instituciones policiales profesionales sea un fundamento esencial.

 

Pero en nada de esto podrá avanzarse si la izquierda mantiene una visión retrógrada y dogmática sobre nuestra Seguridad Nacional y las instituciones que la integran, como ha quedado palpado en los recientes señalamientos contra los organismos de inteligencia o las propias Fuerzas Armadas.

Si la izquierda no se siente cómoda con la Seguridad Nacional es un problema del pasado, no tiene por qué seguir siendo un problema del presente.

Pero menos debe ser, un problema del futuro.

One comment on “La izquierda y la Seguridad Nacional: despedir a los dogmas

  1. rllak says:

    Contradictorio que al tiempo que se pretende fortalecer las diferentes soberanías (energética, alimentaria, económica, política, etc.) se pretenda debilitar a las FF. AA., que son el máximo garante de la única Soberanía que se escribe con mayúscula. O tal vez de eso va el cuento: “debilitar” a las FF. AA. “oficiales” para dar una impresión de paz, al tiempo que se construyen cuerpos paramilitares que hagan el trabajo “sucio”.

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