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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales y el Colegio de Defensa Nacional.

Algunos títulos recomendados

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Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional

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Insurgency and Counterinsurgency in modern war

Con el Almirante Zeng He, China se lanzó al mar, pero finalmente se contuvo. Jamás regresó, sino hasta ahora. Sólo que esta vez, no se detendrá. 

Recientemente, tuve la oportunidad de estar presente en una conferencia donde se abordaron, si bien de manera general, algunos de los retos marítimos de México rumbo al siglo XXI. Aunque fueron varios los elementos de discusión, el expansionismo naval de China en el “Teatro Indo-Pacífico” recibió particular atención.

México, un país bioceánico con una creciente relación comercial con Asia, no podría estar más interesado en entender, desde una visión geopolítica, las características principales de la estrategia naval china, y de sus posibles implicaciones para nuestra nación.

Sin embargo, un análisis de la estrategia naval china debe partir de un entendimiento, aunque sea de manera general, del pensamiento político chino desde su concepción doctrinal, es decir, del conjunto de ideas, verdades y concepciones que forman la base teórica de la Gran Estrategia de China.

Debido a la complejidad y amplitud del tema, decidí dividir el análisis en dos textos: este, el primero, aborda el origen histórico del concepto estratégico chino. El segundo, por publicarse aún, trata sobre la forma en que dicho pensamiento se traduce en la estrategia naval china.

Primera Parte

 

El concepto de “Todo Bajo el Cielo”: la base del pensamiento político chino

Como lo explica de manera magistral Yan Xuetong, uno de los estrategas chinos más reconocidos en la actualidad (“Ancient Chinese Thought, Modern Chinese Power”) el pensamiento estratégico chino debe rastrearse hasta los siete filósofos previos a la era Qin (es decir, antes del primer imperio unificado en el 200AC): Guanzi, Laozi, Confucius, Mencius, Mozi, Xunzi y Hanfeizi.

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Fue durante ese período [comenta Xuetong] que se consolidó la idea de que China no es una civilización más en la tierra, de carácter similar o igual a otras, sino la civilización per se, escogida por el cosmos y cuyos dirigentes emanan de un orden superior.

Esa concepción ciertamente teológica, impregnó el pensamiento político chino y se constituyó como la base teórica del accionar político del Estado: China posee una preeminencia entre las naciones de la tierra, sus dirigentes gobiernan por virtud de lo alto y el mandato chino trasciende dinastías, gobiernos o sistemas.

De hecho, el “universalismo chino” se resume de manera puntual en dos frases de los filósofos Mencius y Mozi: “¿Cómo puede establecerse Todo Bajo el Cielo, sino es por la unificación del todo?” y “Sólo el Hijo del Cielo [es decir, el gobernante] puede unificar bajo un mismo estándar, a Todo Bajo el Cielo”.

Y ese ideario de “unificación” explica en gran medida la orientación política del estado chino, desde luego hacia su interior (evitando la partición en sub-regiones), pero de manera fundamental en relación con el resto de las naciones: la unificación trasciende las fronteras chinas.

De acuerdo con Xuetong, es ahí donde radica la gran diferencia entre el pensamiento político occidental y el chino: mientras que el primero considera al poder político como la búsqueda constante de la hegemonía a través de la dominación, la doctrina china se orienta hacia la “unificación mediante la autoridad moral.”

El autor chino se pregunta: “¿Qué tipo de poder mundial busca China: un estado hegemónico o un estado humano? La diferencia entre ambos no radica en la grandeza de su poder sino en sus fundamentos morales. Si China desea convertirse en un estado humano, esto sería diferente al actual Estados Unidos. El objetivo de nuestra estrategia no debe ser solamente reducir la brecha de poder entre nosotros y Estados Unidos, sino ofrecer un modelo de sociedad [civilización] que sea mejor a la que ofrecen los americanos.”

Y Xuetong remata: “Si China deseara ser un super-poder hegemónico, como Estados Unidos, provocaría que el sistema internacional se separara en dos grandes hegemonías [como durante la Guerra Fría] o que China se volviera el nuevo gran poder hegemónico. Lo mejor es, entonces, buscar ser un super-poder humano, con autoridad moral”.

Para lograrlo, el autor propone el concepto de Poder Nacional Integral (Comprehensive National Power), entendido como la suma de los diversos campos del poder, como el militar, económico y cultural, pero multiplicados por la “capacidad político-operativa”, entendida ésta como la habilidad de la nación china de aplicar un poder con autoridad moral, no bajo el clásico concepto occidental de hegemonía.

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Fuente: Yan Xuetong

Para Yuan Xuetong, el correcto balance entre los diversos elementos del poder, más la capacidad de su implementación político-operativa, serían el equivalente actual al concepto filosófico pre-Qin de “unificación de Todo Bajo El Cielo”.

En pocas palabras, el pensamiento estratégico chino no puede ser analizado desde las diversas teorías occidentales de las relaciones internacionales, pues éstas no conciben el elemento teológico-moral que subyace en la naturaleza del poder sino-céntrico.

Como puede observarse, el pensamiento político chino reviste de una complejidad fundamental: tiene su raíz histórica cientos de años antes de la filosofía griega, contiene una serie de conceptos ajenos a la cultura occidental y, quizás en la que es su más interesante característica, trasciende el tiempo.

De tal suerte que el pensamiento estratégico chino, a-temporal y “unificador”, enfocado en lograr una autoridad internacional de tipo moral, no busca una política global necesariamente agresiva o militarista, al menos no en primera instancia, sino un avance geopolítico lento, paulatino y paciente.

Por todo lo anterior, no resulta extraño que, como lo señala Henry Kissinger, la Gran Estrategia china se asemeje al juego de mesa Wei Qi, donde los contrincantes no ganan al destruir completamente al enemigo, sino cuando logran “cercarlo” e “inmovilizarlo” poco a poco, tras un encuentro prolongado.

Todas las estrategias chinas han de entenderse bajo esta óptica de pensamiento político-teológico. Hablamos entonces de su política internacional, energética, comercial o, lo que nos concierne: su estrategia marítima.

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