search instagram arrow-down

Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. Aunque en este sitio se encontrará información primordialmente sobre México, también se abordarán temáticas que por su relevancia bien pudieran aplicarse a otras latitudes. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos. Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales y el Colegio de Defensa Nacional.

Algunos títulos recomendados

The evolution of modern strategic thought

The Ghost Fleet: A Novel of the Next World War

Out of the mountains: the coming age of urban guerrilla

Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional

Fire on the water: China, America and the future of the Pacific

Insurgency and Counterinsurgency in modern war

Hace algunas semanas, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador nombró al Almirante José Rafael Ojeda Durán como el próximo encargado de la Secretaría de Marina Armada de México.

Mucho se comentó sobre lo inusual de este nombramiento, pues la tradición dictaba que éste se realizara la víspera de la toma de protesta del mandatario, es decir, el primero de diciembre.

Pero más allá de la lectura política que puede desprenderse de este nombramiento, y que no es de interés para este escrito, poco o nada se ha dicho sobre los retos estratégicos que el Almirante Ojeda enfrentará de cara al futuro cercano.

Es decir, son pocos los interesados en abordar, aunque sea de manera general, las perspectivas en materia de seguridad marítima, defensa exterior y diplomacia naval -por citar las tres funciones tradicionales de una marina, según Ken Booth- que tiene frente a sí una de las instituciones más relevantes del estado mexicano: la Armada de México.

Para un servidor, la Armada se encuentra, como nunca, frente a una encrucijada estratégica: o sigue avanzando hacia un modelo naval posmoderno, con capacidades y medios balanceados de guardia costera y una mínima disuasión convencional, o abandona por completo ese modelo y se centra totalmente en funciones de mantenimiento del orden en su mar patrimonial, nada más.

Aquí se resumen, de manera muy general, ambas visiones:

Escenario 1 (modelo naval posmoderno): la Armada puede avanzar hacia un estado de fuerza acorde con el peso específico de un país como México, consolidándose como una marina nivel cuatro que, según Basil Germond (ver: Small Navies, del Corbett Centre for Maritime Policy Studies) le permitiría “conducir operaciones de guardia costera y defensa costera, además de mantener  una mínima capacidad de proyección autónoma y participar en operaciones de proyección conjuntas, en escenarios de alta intensidad”.

Escenario 2 (modelo naval reducido): la Armada abandonaría por completo el proceso evolutivo en marcha desde fines de la Guerra Fría (ver: Evolución Doctrinal Naval en México), para consolidarse únicamente como Guardia Costera en su Zona Económica Exclusiva, sin capacidades de defensa exterior. Siguiendo la clasificación de Germond, estaríamos hablando de una marina nivel 2: “capaz de conducir operaciones constabularias y de defensa costera, pero sólo con el apoyo de aliados superiores; al tiempo de no contar con capacidades de proyección”.

Como puede observarse, el escenario 1 responde a una visión doctrinal naval congruente con una estrategia nacional asertiva, participativa y responsable frente al escenario internacional. En este sentido, además de las operaciones de guardia costera, la Armada tendría las capacidades y medios necesarios para participar, por ejemplo, en operaciones de mantenimiento de paz fuera de su área natural de operación, o en misiones de protección a las vías marítimas de comunicación, ante el hipotético caso de riesgos de disrupción sistémica.

Una marina de corte posmoderno, como señala Geoffrey Till -probablemente el estratega naval más reconocido de la actualidad- se asume como un instrumento vital no sólo al servicio de su nación, sino de la estabilidad del sistema económico-comercial mundial. Sobra decir que la mayoría de las marinas han avanzado hacia este modelo, basado en la cooperación internacional y la atención a fenómenos marítimos de corte sistémico.

Captura de pantalla 2018-11-22 a la(s) 19.42.53

ARM Reformador previo a ser botado en el Astillero de Marina 20, en Salina Cruz, Oaxaca. El proyecto POLA es el resultado de la evolución doctrinal naval de México en los últimos 30 años.  Fuente: tomado de internet

Por el contrario, una marina reducida (escenario 2), responde a una visión de país totalmente diferente, más reacia a la cooperación internacional y con un enfoque endogámico: se asume que el país no debe jugar un rol importante en la región o el globo, de tal suerte que no necesita de un poder naval que le de soporte.

Desconozco cuál es la visión del Almirante Secretario entrante quien, debemos recordar, no sólo será comandante de fuerza sino conductor político de un ministerio federal. Es decir, además de sus funciones como Alto Mando de la Armada, será también el responsable de diseñar y ejecutar la política nacional en materia naval para el futuro cercano, sin duda una responsabilidad de carácter estratégico como pocas en el gabinete.

Lo anterior es de suma importancia, pues México es un país que todavía no aprecia la gran riqueza marítima que le ha sido conferida, en sus más de 3 millones de kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva y 11 mil kilómetros de costas, en los dos océanos más importantes del mundo.

Entiendo que para la prensa tradicional sea más importante cuestionar qué papel jugará la Armada frente a la crisis de violencia que azota al país desde al menos 2007 (sin duda un tema de gran relevancia).

Pero más allá de la coyuntura particular, el próximo Secretario de Marina se enfrentará ante un reto estratégico mucho más trascendental: qué tipo de poder naval le conviene al México de mañana, donde el entorno marítimo internacional seguirá jugando un rol vital para el sistema económico global.

La encrucijada estratégica es precisamente esa: o volvemos a una visión endogámica de país, donde la Armada abandone su proceso evolutivo reciente; o diseñamos un poder naval pensando no en el 2024, sino en el 2050.

Personalmente creo, desde un punto de vista muy individual, que la Armada puede jugar un papel importante en la crisis actual de seguridad, pero al mismo tiempo invertir en la adquisición y desarrollo de capacidades para el futuro.

México no será siempre un país bajo el asedio del crimen organizado, de eso estoy seguro.

Consolidar un poder naval acorde con el siglo XXI lleva tiempo, y ya comenzamos a hacerlo.

No podemos dejarlo.

Leave a Reply
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: