Fuerzas Armadas Mexicanas: ¿oportunidad histórica o crisis doctrinal?

Hace algunos meses, a propósito de la llegada a Palacio Nacional de Andrés M. López Obrador, escribí sobre mi preocupación de que la nueva administración no entendiera el ethos fundamental de las fuerzas armadas mexicanas.

Después de un discurso sui generis ante marinos, soldados y pilotos, donde el entonces presidente electo habló de conceptos como el neoliberalismo o la crisis moral de valores, pensé que las fuerzas armadas mexicanas se encontraban en la antesala de una redefinición completa de su relación con el poder político y, quizás, de su propia doctrina.

En aquel entonces, la propuesta de crear una Guardia Nacional como cuerpo de seguridad intermedio era aún poco clara, de tal suerte que no se vislumbraba con claridad el rumbo que el Presidente López Obrador marcaría para el estamento militar mexicano.

Lo cierto es que pasó poco tiempo para que la administración comenzara a definir -ciertamente de forma pausada y quizás errática- cómo entendía el papel de las fuerzas armadas en su nuevo proyecto político.

Hoy, mi preocupación es mayor.

En las próximas líneas, intentaré abordar dos aspectos principales: por un lado, la razón de mi preocupación y, por el otro, una propuesta conceptual para aprovechar la coyuntura estratégica.

 

Sobre el Ejército y la Fuerza Aérea

Me preocupa, ciertamente, la enorme cantidad de tareas que se le han asignado al Ejército (y en menor medida a la Fuerza Aérea) y que salen totalmente de su ámbito de actuación. Me refiero, principal pero no únicamente, a cargar con la responsabilidad de diseñar, construir y operar un aeropuerto internacional en la actual Base Aérea de Santa Lucía.

No dudo, ni por un segundo, de las capacidades de los ingenieros militares mexicanos. Pero ese no es el punto. Si el aeropuerto no logra entrar en operación en tiempo y forma -un escenario muy probable- el costo será absorbido por la institución, y no por el estamento político que tomó semejante decisión.

Por otro lado, y de manera más grave, me preocupa que la Guardia Nacional haya resultado en un cuerpo intermedio con dos cabezas: por un lado, un mando político-estratégico civil (Secretaría de Seguridad) y, por el otro, un mando operativo (Secretaría de la Defensa Nacional).

En los hechos, será la Secretaría de la Defensa Nacional (y dentro de ésta, el Ejército) quien cargue con la responsabilidad de formar (doctrina), adiestrar, equipar y operar a la Guardia Nacional; pero las prioridades políticas y el control presupuestal estarán en otro lado.

Más allá de la discusión sobre la necesidad de contar o no con un cuerpo de esta naturaleza (yo en lo personal lo apoyo), es un error potencialmente grave no haber definido un sistema de mando político, estratégico, operacional y táctico en un mismo ministerio federal.

De hecho, la creación de la Guardia Nacional significa, al menos para mí, un problema de largo plazo que eventualmente cobrará su factura: si el mantenimiento de la seguridad interior ha sido la raison d’être del Ejército Mexicano prácticamente desde el período posrevolucionario, ¿cuál será su doctrina fundamental -el ethos- ahora que la Guardia Nacional hará exactamente lo mismo?

En recientes pláticas con especialistas en defensa, todos coinciden en que el Ejército podría estar en la antesala de una crisis doctrinal sin precedentes, la cual puede agravarse si la Guardia Nacional absorbe recursos humanos y financieros que son vitales para el funcionamiento del instituto armado.

Sobre la Fuerza Aérea, me preocupa que los incipientes planes de modernización de equipo -que habían comenzado a consolidarse- terminen por cancelarse.

Pero no hablaré de la urgente necesidad de reemplazar a los Northrop F5 o de adquirir un sistema de radares a la altura de un país como México, sino de un aspecto mucho más estratégico: la Fuerza Aérea sigue operando como un cuerpo aéreo del Ejército sin una definición doctrinal propia.

Si las prioridades de esta administración se centran en la Guardia Nacional, veo sumamente difícil que la Fuerza Aérea emprenda la transformación doctrinal que tanta falta le hace.

De hecho, en medio de esta coyuntura veo también difícil que el Ejército avance en la modernización de sus sistemas de armas convencionales, muchos de los cuales son ya obsoletos.

De la Armada

Como lo he señalado en una buena cantidad de artículos, la Armada de México se enfrenta a una encrucijada estratégica: o se consolida como un poder naval posmoderno con capacidades y medios tanto de guardia costera (seguridad marítima) como de defensa externa, o entra en un período de regresión doctrinal ante la indiferencia del estamento político.

En este sentido, es fundamental que el programa permanente de sustitución de buques reciba los recursos suficientes para continuar con la construcción de unidades de patrulla costera, patrulla oceánica y fragatas multipropósito.

Estoy convencido de que el indicador más claro sobre el rumbo que seguirá la Armada tiene relación directa con la construcción naval.

Si los cuatro buques de patrulla oceánica clase Oaxaca proyectados para esta administración no son construidos, o si el programa de Patrulla Oceánica de Largo Alcance es cancelado, estaremos frente a un escenario sumamente complicado para la Armada: a mi juicio, se estaría dando marcha atrás a un proceso de evolución histórica que ha puesto a dicha institución a la cabeza en materia de pensamiento estratégico y doctrina dentro del estamento de defensa en México.

En mi opinión, la Armada tendrá que navegar en un entorno político sumamente complejo, donde la nueva administración parece no tener interés alguno en el sector marítimo en general y en el poder naval en particular.

Basta con leer el Plan Nacional de Desarrollo, donde no se destina ni un párrafo a la relevancia estratégica de los océanos para el futuro del país, como si nuestros 3 millones de kilómetros de mar y 11 mil kilómetros de costas simplemente no existieran.

Conclusiones y una idea

En resumen, mi preocupación no se centra en los programas de adquisición de armamento o de modernización de equipo, pues éstos son sólo resultado de un aspecto mucho más estratégico y profundo: la razón de ser de nuestras fuerzas armadas, su doctrina.

Si para esta administración las Fuerzas Armadas son vistas más como un elemento de apoyo para la Guardia Nacional, y no como instituciones vitales para garantizar la soberanía y la defensa exterior, me temo que nos encontramos ante un escenario estratégico complicado.

Por ello, sin escatimar el apoyo necesario a la seguridad interior, creo que las Fuerzas Armadas (las tres) deben aprovechar la coyuntura para realizar un ejercicio profundo de análisis y definición de futuros.

Me recuerda un poco al proceso que vivieran las fuerzas armadas chinas en 1980, cuando en un seminario que duró un mes entero, a puerta cerrada, 100 elementos de alto rango de las tres ramas realizaron una introspección para revisar desde su doctrina militar hasta su entendimiento del arte operacional.

Guardando las diferencias con el caso chino, creo firmemente que nuestras Fuerzas Armadas se enfrentan a un reto similar: el mundo ha cambiado, la región ha cambiado, México ha cambiado.

Reconozco que emprender un esfuerzo de esta naturaleza no es fácil, pero existen las capacidades para hacerlo: ahí están el CODENAL y el CESNAV, centros de pensamiento estratégico que bien pudieran articular un esfuerzo conjunto, incluso con la participación de instituciones académicas civiles con reconocida trayectoria en materia de seguridad nacional y defensa.

 

Insisto, me preocupa el destino de las Fuerzas Armadas en el corto y mediano plazo.

No se si el estamento político está listo para emprender un análisis serio del tipo de fuerzas armadas que México necesita para el futuro, pero sí se que dentro de éstas hay la voluntad y la capacidad para participar en dicho proceso.

 

Alguien tiene que comenzarlo.

3 thoughts on “Fuerzas Armadas Mexicanas: ¿oportunidad histórica o crisis doctrinal?

  1. Saludos, un par de comentarios, y los hago en forma de pregunta:
    1. ¿Se está organizando la Seguridad Nacional para minimizar o erradicar las amenazas o acciones delincuencias?
    2. ¿La organización es sostenible en el tiempo, con el presupuesto?
    3. ¿Qué está pasando con los grupos delincuenciales ante esta organización de fuerzas? Es de recordar que el Estado generalmente REACCIONA y no tiene la iniciativa en actos o acciones de la delincuencia, el hampa actúa más rápido.

  2. Me permito aportar algunas ideas un tanto menos doctrinarias y más en el ámbito de desarrollo económico.

    Creo que el papel al que le han huido las fuerzas Armadas Mexicanas es a impulsar el desarrollo tecnológico industrial. Usted habla de la modernización del equipamiento aéreo y la adquisición de radares asi como la continuidad del programa de sustitución de buques.

    Esos tres aspectos centrales en su artículo responden a un impulso inherente de las capacidades industriales del país. Estoy convencido de que si las fuerzas Armadas enfocan sus esfuerzos a crear una sinergia entre sector privado y académico con una orientacion a resolver las necesidades basicas de seguridad nacional, podríamos combatir la raíz misma de la delincuencia, que en mi opinión es producto de la falta de trabajos bien remunerados por las escasas capacidades técnicas de nuestra población.

    El componente principal de las guerras a lidiar en este siglo son los materiales semiconductores y metamateriales, para alcanzar la integración de sistemas de detección y de desplazamiento no tripulado. Fortaleciendo lo anterior con procesamiento acelerado a través de cómputo y comunicaciones cuánticas. ¿En que parte de esa guerra cree que México pueda posicionarse sin contar con la industria para desarrollar esas tecnologias?

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