Defensa Activa china: comentando a M. Taylor Fravel

Cuando uno se da a la tarea de estudiar la estrategia de defensa china, es común cometer el error de utilizar conceptos o marcos analíticos “occidentales”, como si pudiesen adaptarse a la realidad del gigante asiático sin mayor problema.

Lo cierto es que, tal como se abordó en un par de entregas previas sobre la naturaleza del pensamiento naval chino, cualquier análisis de la doctrina, arte operacional, o diseño de fuerza de aquel país merece la adopción de un enfoque completamente ad hoc.

Por ello, leer a M. Taylor Fravel en su más reciente libro Active Defense: China’s Military Strategy since 1949, resulta particularmente atractivo para quien desea entender a mayor profundidad los cambios en el pensamiento militar chino desde la llegada al poder de Mao Zedong.

En este sentido, el propio Fravel deja en claro que la palabra “doctrina”, utilizada de manera común en los estamentos de defensa occidentales, simplemente no existe en el léxico chino.

De tal suerte que el autor prefiere utilizar el concepto de “reforma militar” -de Suzanne Nielsen- para estudiar los cambios en la estrategia de defensa china, y no el de “cambio doctrinal”.

Una reforma militar es, por tanto, la mejora en o la creación de capacidades que permiten incrementar la eficiencia en las operaciones de la organización militar en cuestión.

Así, el autor considera que las reformas militares que ha emprendido China se deben a dos grandes variables estratégicas (yo los llamaría drivers de cambio): por un lado, una nueva visión sobre la naturaleza de la guerra y, por el otro, la unidad política dentro de la Comisión Central Militar, el máximo órgano rector en la materia dentro del Partido Comunista Chino.

El primer driver es ciertamente obvio: cuando el aparato de defensa de la nación asiática percibe que la forma de hacer la guerra -particularmente de sus adversarios- ha cambiado drásticamente, la propia estrategia militar china debe adaptarse para cumplir sus objetivos.

Pero el segundo driver es, al menos para mí, el más interesante. En palabras del propio Fravel, “cualquier discusión sobre relaciones civil-militares habría de comenzar citando a Huntington y su ya conocida obra The Soldier and the State. Sin embargo, ese marco analítico no puede ser aplicado a estados socialistas. En ellos, no puede hablarse de relaciones civil-militares, sino relaciones partido-militares, pues las fuerzas armadas no sirven al Estado, sino al partido”.

Aplicando estas dos variables estratégicas, el autor percibe tres momentos históricos en los que la estrategia de defensa china ha cambiado drásticamente y, por tanto, merece ser considerada como una verdadera reforma militar: 1956, 1980 y 1993.

De hecho, lo anterior no significa que China no ha tenido otras estrategias militares (de hecho, ha tenido nueve en total desde 1949), pero en el resto de ellas no se ha producido un cambio de paradigma importante, debido precisamente a la ausencia de una de esta variables o drivers.

El siguiente cuadro del autor resume, de manera esquemática, cómo la combinación de las dos variables estratégicas (modificación en naturaleza de la guerra y unidad del partido) permitieron un cambio de paradigma militar en los tres años anteriormente mencionados.

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Tomado de: Active Defense: China’s military strategy since 1949. M. Taylor Fravel.

 

En este sentido, la estrategia militar de 1956 se originó a razón de una percepción cada vez mayor de un eventual conflicto con Estados Unidos, a raíz de la Guerra de Corea. Por ello, la Guía Estratégica Militar de aquel año se alejó de la guerra de guerrillas, para centrarse en un enfoque de posiciones y defensa móvil, mediante el empleo de grandes contingentes de infantería ligera.

Por su parte, la estrategia de 1980 -que llevaría por nombre Defensa Activa- se originó una vez que el estamento de defensa chino percibió que la naturaleza de la guerra había cambiado a partir de la Guerra del Yom Kippur de 1973, donde la velocidad en el empleo de armas combinadas y maniobra con blindados sorprendió a los analistas en Pekín.

En la Guía Estratégica Militar de 1980, la hipótesis de conflicto principal ya no sería con EEUU sino con la Unión Soviética, del tal suerte que los chinos percibieron que una eventual invasión rusa por el norte tendría grandes similitudes con el arte operacional egipcio y sirio empleado contra Israel 7 años antes.

Sin embargo, como señala el autor, el cambio en la naturaleza de la guerra no habría sido razón suficiente para modificar la doctrina militar china de aquel año, de no ser por la fuerte unidad de partido que imprimió Deng Xiaoping en aquella épica. De hecho, fue el propio Premier chino quien, en plena redacción del documento y frente a un grupo de militares reunidos a puerta cerrada, se pronunció a favor del enfoque de Defensa Activa como nuevo paradigma militar.

El concepto de Defensa Activa, que supone la realización de acciones defensivas, pero de carácter proactivo y no pasivo, se convertiría en el enfoque estratégico militar de aquel país incluso hasta nuestros días.

Por ello, la estrategia de defensa de 1993, que incluye aspectos propios del espectro informativo del conflicto y el empleo de armas de precisión altamente tecnológicas [la influencia de la Guerra del Golfo es evidente], mantiene como base doctrinal el concepto de Defensa Activa.

Para el autor, lo mismo puede decirse de las estrategias posteriores de 2004 y 2014, pues no suponen grandes cambios doctrinales sino adaptaciones a nivel de conceptos tácticos y medios específicos.

Quizás estaría en desacuerdo sobre la estrategia de 2014 pues, aunque efectivamente mantiene el concepto de Defensa Activa como base fundamental, contiene por primera vez un enfoque marítimo que había estado ausente en las ediciones previas.

Para mí, el enfoque marítimo (no solamente naval) de la Guía Estratégica Militar 2014 refleja un entendimiento totalmente nuevo sobre China y su papel en el mundo, por lo que debería ser considerado como un verdadero cambio doctrinal: de una hipótesis de conflicto centrada exclusivamente en un ataque de EEUU, se consideran también otros escenarios estratégicos que demandan una presencia militar activa en zonas tan distantes como el Océano Índico o incluso el Ártico.

En fin, más allá de discutir si la estrategia de 2014 merece ser considerada o no como una reforma militar, lo cierto es que el análisis de Fravel sobre la combinación de las variables o drivers de cambio es verdaderamente interesante.

De hecho, identificar los factores que llevan a la adopción de nuevos paradigmas de defensa es una tarea que puede realizarse en cualquier estamento militar, siempre tomando en consideración las particularidades de cada cultura organizacional y su propia historia.

Si usáramos como ejemplo a Fravel, ¿cuáles serían los drivers de cambio doctrinal militar en los estamentos de defensa de América Latina?

Valdría la pena analizarlo.

 

Pd. Es importante señalar que la estrategia nuclear china merece un análisis aparte, pues el empleo de armas estratégicas por parte de la nación asiática presenta particularidades propias que van más allá del concepto de Defensa Activa.

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