“Un barco está seguro en puerto, pero los barcos no están hechos para eso”.

John A. Shedd

 

En el río Pánuco, en la costa tamaulipeca del Golfo de México, el más reciente buque de la Armada tocó por primera vez las aguas. El ARM Tabasco, un navío del tipo Patrulla Oceánica, es el octavo de la clase Oaxaca, un verdadero orgullo no sólo para la institución sino para México.

Cabe señalar que este buque no sólo es el más reciente de su clase, sino que es el resultado de al menos 35 años de evolución y desarrollo tecnológico de los astilleros navales mexicanos.

A la clase Oaxaca le preceden las clases Durango, Sierra y Holzinger, todos diseños nacionales que han ido incorporando sistemas de armas, detección y comunicación cada vez más modernos.

El concepto trinomio (navío, lancha interceptora y helicóptero) ha sido reconocido en ejercicios navales internacionales como un concepto operacional verdaderamente innovador y eficiente, y su centro de gravedad es precisamente el buque de patrulla oceánica.

Pero más allá de celebrar una proeza más de los ingenieros navales mexicanos, quienes estuvieron detrás del diseño y construcción del ARM Tabasco y de otros buques como la fragata multipropósito SIGMA 10514, habría que preocuparse, y demasiado.

Tal parece que, contra todo pronóstico personal -honestamente todavía me niego a creerlo- este sería el último buque de la Armada botado en la presente administración federal.

Las razones son todavía inexplicables, pero me cuesta desligar esta noticia de la política económica federal que ha pasado tijera en todas y cada una de las ramas de la administración pública.

Un buen amigo que suele leer mis textos -y que normalmente no coincide con ellos- me dijo recientemente que debía dejarme de diplomacia y palabrería, y llamar a las cosas como son.

Creo que, ciertamente, tiene razón.

La cancelación de los proyectos de construcción naval en México es una estupidez de proporciones mayúsculas, producto de una ceguera monumental por parte de la clase política, esa que no ve más allá de la coyuntura y para quien el mar es la frontera donde termina la patria.

Para estos políticos, los más de tres millones de kilómetros cuadrados de dominio marítimo y 11 mil kilómetros de costas no sólo no importan, simplemente no existen en sus reducidas mentes.

Quien crea que construir un buque es un derroche innecesario de recursos, desconoce que en el proceso de diseño y construcción naval intervienen una enorme cantidad de disciplinas profesionales, desde aquellas de altísima especialidad hasta otras menos complejas, pero igual de importantes.

Todo ese capital humano, que le ha tomado décadas a nuestro país conseguir y cuidar, simplemente se desperdiciará.

Por otro lado, la ubicación de los astilleros navales coincide con zonas del país profundamente necesitadas de inversión productiva. El Astillero de Marina #20, quizás el más importante de la Armada, se encuentra ubicado nada menos que en Salina Cruz, Oaxaca, una de las zonas más pobres y atrasadas del país.

Ya hemos dicho aquí en innumerables ocasiones, que la construcción naval no sólo se trata de buques, sino de una buena cantidad de actividades económico-productivas que giran en torno a ella.

Un buque es, sin duda, la expresión misma del poder naval de una nación; pero es también empleos, transferencia de tecnología, desarrollo de capital humano, atracción y retención de talento.

En resumidas cuentas, un buque es también un activo del Estado que, con buena manutención, navegará y cuidará las aguas nacionales por al menos 30 años.

Pero lo anterior parece no importar en los pasillos de poder en México. Me temo que tendremos que esperar todavía más años para que este país deje de pensar en pequeño.

Estoy convencido de que, desde un punto de vista de gran estrategia, México debe ver al mar (particularmente al Pacífico).

Y en esa gran visión la Armada de México es un centro de gravedad vital. Quien no lo vea así, no ha entendido nada del siglo XXI.

Pero con una clase política más interesada en la agenda mediática coyuntural, a veces siento que no nos merecemos este país.

Espero estar equivocado, pero a veces creo que tampoco nos merecemos este mar.

 

PS. Foto tomada de Internet.

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