En 2015, la televisión rusa reportó el ataque exitoso de misiles rusos contra objetivos del grupo terrorista ISIS, dentro de Siria. Pero más allá del evidente contenido político del evento, lo verdaderamente interesante fue la naturaleza de la operación.

Los misiles Kalibr, que algunos analistas occidentales equiparan al Tomahawk americano, fueron lanzados desde buques ubicados en el Mar Caspio y, tras atravesar Irán e Irak en una travesía de más de 1,400 kilómetros, destruyeron 11 objetivos en territorio sirio.

Insistimos, independientemente del objetivo político del ataque (demostrar que Rusia apoyaba decididamente el régimen de Assad), la Marina Rusa mandaba su propio mensaje: estamos de regreso.

Tras dos décadas de deterioro [desde la implosión de la URSS en 1991] la Marina Rusa finalmente podía mostrar al mundo que tenía nuevamente la capacidad -si bien aun limitada- de emprender misiones altamente tecnológicas en apoyo a operaciones en tierra, más allá de sus entornos de operación tradicionales.

Pero los grandes procesos de transformación militar, aun cuando impliquen la incorporación de nuevos elementos doctrinales, no pueden desligarse de la tradición, más cuando ésta se encuentra profundamente arraigada en el ethos de las instituciones en cuestión.

En este caso, el “renacer” de la Marina Rusa no puede desvincularse de un hombre excepcional: Sergei Georgiyevich Gorschkov quien, como comandante de la fuerza naval soviética desde 1956 hasta 1985, sentó las bases del pensamiento marítimo del gigante euroasiático, que sigue vigente hasta nuestros días.

En pocas palabras, para entender los nuevos tiempos navales rusos,hay que conocer un poco del legado de su arquitecto histórico, tanto en su faceta de conductor político de la defensa, como de gran estratega.

La carrera naval de Gorshkov

En 1927, a la edad de 17 años, Sergei se enroló en la Escuela Naval de Leningrado con miras a convertirse en un oficial sobresaliente.

Gorshkov era un joven de la época, y quería ser parte de la construcción de una nación poderosa y orgullosa, la URSS.

En 1931, tras graduarse con honores y demostrar una gran capacidad de liderazgo, Gorshkov comenzó una carrera meteórica.

Baste decir que cuando la Segunda Guerra comenzó, apenas con 31 años, Sergei Gorshkov ya había comandado un buque escolta, un destructor, un escuadrón de destructores y un escuadrón de cruceros.

Como señala Kevin Rowlands en su excelente obra 21th. Century Gorshkov, editada por el Naval Institute Press, el joven marino ruso entró a la Segunda Guerra más que preparado, “estaba listo para pelear”.

Entre 1941 y 1945, Gorshkov formó parte de diversas operaciones navales, y participó de manera destacada en la liberación de los Balcanes.

 

El pensamiento naval de Gorshkov (en resumen)

El teatro de operaciones navales europeo marcó para siempre el pensamiento de Gorshkov, sobretodo en dos aspectos principales, uno a nivel estratégico y otro más a nivel operacional.

En lo estratégico, que Gorshkov describiría como “ciencia naval”, el control del mar se entiende como la herramienta fundamental para la consecución de los objetivos militares terrestres.

Sí, Gorshkov coincide con Corbett en que el control del mar no es un fin por sí mismo, sino un medio que contribuye al esfuerzo total de la guerra que se gana o se pierde en tierra. Y decir esto, por parte de un Almirante, refleja una lucidez estratégica sin prejuicios.

El nivel operacional, por su parte, es explicado por Gorshkov como “arte naval”, es decir, como la habilidad intrínseca del comandante de lograr los objetivos de una campaña naval, pero siempre tomando en cuenta los fundamentos científicos anteriormente mencionados.

Para Gorshkov el comandante es un artista, pues sólo un artista puede combinar la ciencia a su alcance con los medios tecnológicos disponibles, aterrizarlos a una realidad cambiante y, finalmente, lograr la victoria.

No es de extrañarse que Gorshkov considerara a Napoleón como un miope, contrario al pensamiento militar occidental, precisamente por centrarse únicamente en la maniobra terrestre, dejando de lado las enormes posibilidades que le hubiese significado contar con medios navales combinados [no debe olvidarse, sin embargo, que la crítica contra el general francés se entiende en la lógica histórica de la versión rusa].

Gorshkov engloba en dos conceptos operacionales el ethos del arte naval: operaciones de flota contra flota y operaciones de flota contra tierra.

De hecho, el pensamiento operacional de Gorshkov puede resumirse en el empleo de dichos conceptos para el diseño de fuerza: el verdadero estratega deberá crear una flota balanceada que le permita, por un lado, enfrentarse con éxito a un echelon naval enemigo y, por el otro, realizar operaciones de desembarco anfibio y ataque a tierra.

El legado de Gorshkov

Habiendo asumido el cargo de comandante de la Marina Rusa en 1956 (con la llegada al poder de Krushev), el Almirante Gorshkov se dio a la tarea de poner en práctica su doctrina.

En este sentido, la Marina Rusa experimentó un crecimiento en medios y capacidades de forma exponencial, llegando a contar con un estado de fuerza mucho mayor que en cualquier momento de su historia.

Para hacer realidad el concepto operacional de flota contra flota, Gorshkov sabía que la Marina Rusa debía contar con medios suficientes para enfrentarse con éxito a la flota de la OTAN. Durante los años 1960s, la incorporación de cruceros y destructores, así como portaaviones y submarinos balísticos de propulsión nuclear, posicionaron a Rusia a la par de sus adversarios imperialistas.

Pero Gorshkov entendió que de poco servía tener dichos medios navales si sus puertos no contaban con la infraestructura de soporte necesaria, o si pasaban la mitad del año cerrados por el embate del invierno.

Lo anterior propició la construcción de buques rompehielos de enormes capacidades, que no sólo permitirían a la flota del norte cruzar hacia el Atlántico a través de Islandia, sino que sentarían las bases de misiones de investigación científica en el Ártico (hoy en día, Rusia está a la cabeza en la materia, dejando muy por detrás a sus pares norteamericanos).

En lo que hace al concepto operacional de flota contra tierra, la Marina Rusa desarrolló capacidades y medios que le permitiesen realizar operaciones de desembarco anfibio en teatros distantes.

De tal suerte que, el balance entre estos dos conceptos (flota contra flota y flota contra tierra) se volvió el mantra de la Marina Rusa a partir de entonces, y poco ha cambiado hasta la fecha.

Como se comentó al inicio, la caída de la URSS en 1991 no significó la muerte de la Marina Rusa, sino un impasse estratégico del que aquel país ha comenzado a recuperarse recientemente.

Y aunque el renacer de la flota rusa pudiera parecer como un hecho nuevo, lo cierto es que se trata de la continuación del pensamiento estratégico de Sergei Gorshkov, ni más ni menos.

 

Pd. Por cierto, la doctrina de Gorshkov ha sido ampliamente utilizada por la Marina China, quien encontró en el almirante ruso algo más que simple inspiración.

Foto: tomada de Internet.

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