Julian S. Corbett: el hombre y el estratega

“The object of naval warfare must always be directly or indirectly either to secure the command of the sea or to prevent the enemy from securing it.” 

Julian S. Corbett.

 

Recientemente, alguien me preguntó por qué considero que el mar ofrece la excusa perfecta para el pensamiento estratégico. No es necesariamente por su belleza -o nuestra pequeñez, como pueda verse- sino por algo mucho más sutil: el mar no tiene fronteras, es comienzo, pero a la vez es fin. Nadie puede decirse “dueño” de él y, por encima de todo, su tamaño nos obliga a poner en perspectiva lo que somos como humanidad.

De hecho, la historia de las civilizaciones no puede entenderse sin el mar, como bien lo ha señalado Geoffrey Till en su magistral obra Seapower: a guide for the twenty-first century.

El mar debe entenderse como fuente de recursos, medio de transporte y de información; pero también como medio de dominación. Es imposible entender la historia de la Grecia antigua, de Roma o de Europa a partir del siglo XV, sin el papel que jugaron los mares en su devenir político, económico y social. Pero lo mismo aplica para India, Japón o incluso la China de Zeng He.

El mar es, entonces, fuente de pensamiento estratégico, y toda nación de la tierra -ribereña o no- difícilmente puede entender su presente y futuro sin un análisis concienzudo del mar, y pocos pensadores lo han entendido con tal profundidad como Sir Julian Stafford Corbett.

Corbett, para mí, es algo así como el Temístocles del siglo XX, pero también puede considerarse -sin exageración- como el Clausewitz marítimo.

De hecho, Andrew Lambert, autor del excelente libro Seapower States y profesor del War Studies Department del Kings College, equipara a Corbett con el pensador prusiano, “…porque ambos sabían que para desarrollar una estrategia contemporánea verdaderamente profunda debían combinar un profundo estudio de la historia con teoría estratégica”.

Julian S. Corbett era un abogado de clase alta que combinaba su práctica legal con la publicación de novelas históricas, lo que le permitió ganar espacios en la élite británica y codearse con personalidades del estamento político de la época.

Pero es poco conocido el hecho de que Corbett frecuentaba un club de comida -sí, de comida- con amigos de la talla de H.G Wells (La guerra de los mundos), George Bernard Shaw y el mismísimo Halford Mackinder (el gran teórico de la geopolítica).

Dicho club, autonombrado The Co-Efficients, tuvo un enorme impacto en Corbett en varios sentidos. Por un lado, le permitió contrastar sus ideas sobre el papel del mar en el futuro del Imperio Británico y, por el otro, le dotó a su estructura de pensamiento de una lucidez innovadora.

Con el tiempo, Corbett comenzaría a dar clases de historia política tanto para el Ejército como para la Marina, pero sería en esta última donde sus ideas encontrarían verdadero eco, gracias al apoyo del recién nombrado Primer Lord del Almirantazgo, Almirante Sir John Fisher (período administrativo 1904-1910).

De hecho, Corbett y Fischer se enfrentarían directamente contra dos grandes adversarios, justo antes del estallamiento de la Primera Guerra Mundial: por un lado, los antiguos almirantes retirados que, como parte del grupo The Syndicate of Discontent, se oponían a cualquier cambio doctrinal en la Royal Navy; por el otro, el Ejército Británico, ávido de reducir al mínimo el presupuesto de la marina, en favor de una fuerza terrestre preponderante.

Aunque Some Principles of Maritime Strategy es la obra más conocida de Corbett, lo cierto es que su pensamiento estratégico tuvo más impacto a través de sus ensayos político-estratégicos, publicados en revistas especializadas tanto civiles como militares.

La audacia de Corbett radicaba en la solidez histórica de sus argumentos, la claridad de los mismos y la casi virulenta manera de expresarlos. No le tenía miedo a nada, porque estaba convencido de que Gran Bretaña necesitaba de su propia Gran Estrategia, una donde el mar ocupara un papel relevante pero no sólo desde una perspectiva naval, sino marítimo-económica.

Y es precísamente aquí donde radica la fortaleza del pensamiento estratégico de Corbett, y donde se encuentra la principal divergencia con Alfred T. Mahan: el mar es sumamente importante, pero requiere de una visión compleja donde la estrategia naval es sólo una parte del todo, y no el todo per se (para Corbett, Mahan sobrevalora el papel de la estrategia naval, considerándola como un fin en si mismo y no como un medio).

O podemos resumirlo así: la estrategia naval es un componente de la estrategia marítima, la cual a su vez constituye un elemento estructural de la Gran Estrategia Nacional, al lado de la diplomacia y el poder económico.

El mar es, para Corbett, fundamental para la supervivencia futura de Gran Bretaña, pero carece de valor si no se combina con el uso de otras herramientas del poder nacional.

Lo anterior puede verse en Some Principles, donde el “control del mar” se entiende como la máxima del poder naval, pero no como el fin de la gran estrategia nacional sino como un medio para influir en el devenir de las hostilidades en tierra.

Corbett mata dos pájaros de un tiro: por un lado, exalta el valor del poder naval al grado de abogar por una inversión extraordinaria en la Royal Navy; por el otro, es políticamente correcto al argumentar que ello es en beneficio del Ejército Británico: inviertan en el poder naval para que éste pueda beneficiar al Ejército y, por consecuencia, a la Gran Estrategia Británica.

Estudiar a Corbett es fascinante, y existen innumerables obras que hablan de su trayectoria y pensamiento.

Yo sugiero, humildemente, comenzar por 21st. Century Corbett, editado por Andrew Lambert y el Naval Institute Press, y solo después adentrase en sus ensayos políticos y su obra magistral: Some Principles of Maritime Strategy, a theory of war on the high seas, naval warfare and the command of the fleets.

Más allá de eso, el interesado debe saber que Corbett era un hombre de su tiempo y, a pesar de ello, su teoría y pensamiento estratégico siguen tan vigentes como hace ya 100 años.

Por cierto, ¿quién será el Corbett de nuestro tiempo?

 

Foto: North Atlantic Ocean. Créditos: Radius Images

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