México y su 4G: reflexiones de una Guerra de Cuarta Generación

“Así como las hazañas de Alejandro Magno resonaban ya bien entrada la Edad Media, como historias fantásticas y lejanas, así la gente en el futuro verá hacia atrás, al siglo XX, como un período de grandes Estados-Nación, grandes ejércitos e increíbles máquinas de guerra que habrán dejado de existir […] serán entonces, polvo…”.

Martin van Creveld, The Transformation of War

 

La razón de ser de la guerra no ha cambiado: sigue siendo un acto violento donde un bando busca instaurar sus condiciones al enemigo, a través del uso de la fuerza.

Pero lo que sí ha cambiado, es cómo se pelea la guerra y quienes participan de ella.

A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, el número de conflictos entre Estados Nación (guerra regular) ha ido decreciendo a un ritmo constante, mientras que los enfrentamientos entre fuerzas militares o cuasi-militares contra organizaciones subnacionales ha ido en aumento.

Es decir, mientras que la guerra tradicional -incluso la amenaza potencial de ésta- ha ido desapareciendo de la realidad cotidiana, la guerra irregular es el signo de nuestro tiempo.

Lo anterior podría parecer lógico, y aun así la academia e incluso los profesionales de la seguridad y la defensa siguen pensando que la guerra es una actividad exclusiva de los Estados Nación.

William S. Lind, el teórico militar que acuñó el concepto de Guerra de Cuarta Generación desde 1989, aborda esta miopía estratégica de manera clara:

“Después de la guerra de los Treinta Años y la Paz de Westphalia en 1648, la guerra se transformó en una actividad que habría de realizarse únicamente entre Estados beligerantes, a través de sus medios militares estatales como ejércitos de tierra, mar y, eventualmente, aire. Para los observadores modernos, esta visión es tan automática que se les dificulta pensar en la guerra de otra forma. Normalmente se utilizan términos erróneos para cubrir esta dificultad cognitiva, tales como Operaciones Diferentes de la Guerra (Militares Operations Other Than War), Operaciones de Estabilidad y Apoyo (Stability and Support Operations) o, de manera más reciente, Guerra Híbrida (Hybrid Warfare)”.

El problema radica en una incapacidad brutal -a caso conveniente- de aceptar que, si bien la guerra mantiene su naturaleza intacta (doblegar al enemigo por medio de la fuerza) sus medios y procedimientos evolucionan a un ritmo acelerado.

Cabría preguntarse entonces, si los enemigos se adaptan y evolucionan para pelear la guerra de nuevas y variadas formas, ¿por qué las fuerzas militares tradicionales batallan tanto en hacer lo propio?

Para el propio Lind, la razón estriba en que las Guerras de Cuarta Generación son el resultado de un proceso político, social y moral sumamente complejo: la pérdida de legitimidad del Estado.

Lo anterior provoca que enormes grupos poblacionales ofrezcan su lealtad a entidades subnacionales que les otorgan identidad y seguridad psicológica: tribus, grupos étnicos, religiones, pandillas, organizaciones criminales, ideologías o “causas”.

Cuando estas organizaciones suplantan al Estado con éxito -como sucede con algunas organizaciones criminales en América Latina o grupos terroristas en África y Asia- las fuerzas militares y de seguridad deben adaptar su doctrina y concepto operacional para recuperar el territorio perdido.

En este sentido, el líder político y el comandante militar deben recordar que los Centros de Gravedad en las Guerras de Cuarta Generación son tanto físicos como intangibles, lo que hace todavía más difícil su abordaje táctico, operacional y estratégico.

Lind considera que, quienes diseñan operaciones o campañas en ambientes de cuarta generación, deben ponderar sus objetivos en “un juego de tres dimensiones”, tomando en cuenta no sólo los niveles estratégico, operacional y táctico, sino también los aspectos moral, mental y físico de la guerra (elaborados por el gran teórico militar estadounidense John Boyd).

 

Aspecto Físico Aspecto Mental Aspecto Moral
Táctico
Operacional
Estratégico

 

Por ejemplo, mientras que un objetivo estratégico puede tener repercusiones positivas en el aspecto físico de la operación militar (bombardear una ciudad donde opera un grupo insurgente minaría su capacidad de combate) lo mismo puede provocar terribles consecuencias en el aspecto moral (la población seguramente se volvería contra la fuerza militar, acrecentando la legitimidad del grupo insurgente en el mediano y largo plazos).

Lo anterior es solo un ejemplo de la complejidad de diseñar operaciones o campañas en ambientes de cuarta generación, donde la doctrina y los conceptos militares tradicionales (tales como masa, maniobra, poder de fuego y tempo) son perfectamente insuficientes.

Pero no sólo dichos conceptos son poco efectivos en estos ambientes, sino también la rigidez misma de la estructura de las operaciones militares.

En México, por citar un ejemplo, las zonas o regiones militares suelen ser definidas bajo consideraciones históricas y de territorialidad política, y no tanto en función de la naturaleza cambiante y evolutiva de los grupos subnacionales irregulares antagónicos al Estado.

Si bien lo anterior requiere de un análisis mucho más serio y profundo, lo cierto es que la realidad en campo de pronto exige un replanteamiento del esquema de operación de las fuerzas militares y de seguridad.

En el caso mexicano habría que hacernos, quizás, las siguientes preguntas:

  1. ¿Es todavía justificable mantener zonas y regiones militares, o habría que eliminar uno de esos niveles?
  2. ¿Las regiones militares, podrían absorber las labores de las zonas militares?
  3. ¿Podría avanzarse hacia la consolidación de Estados Mayores Conjuntos Regionales, donde se integren elementos de las tres fuerzas y la Guardia Nacional?
  4. ¿Es suficiente el número de elementos adiestrados en operaciones especiales?
  5. ¿Los procesos de recolección y administración de inteligencia, responden a las características cambiantes del entorno de operación de las unidades?

Y, más importante aun:

  1. ¿La doctrina operacional de las fuerzas de tierra es compatible con los requerimientos actuales y futuros?

Si la guerra cambia en sus medios y procedimientos, el Estado no puede darse el lujo de permanecer inmóvil.

Los viejos conceptos doctrinales y la rigidez de las estructuras de seguridad son incompatibles con los retos de nuestro tiempo.

Entre más tardemos en entenderlo, más territorio (físico, mental y psicológico) perderemos.

 

Foto: agencia EFE

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